La deuda de un siglo

Publicado el 16 abril 2013 por Eduardocarranzagazzani @ElPeriodicoPeru

LA DEUDA DE UN SIGLO. 

Escrito por: Jorge Morelli. 

Armando Villanueva tuvo conmigo un gesto que le deberé siempre y, con el favor de Dios, quizás pueda devolver un día a alguno de los suyos. Eran los días de fines del 2000 en que con estruendo caía el gobierno de Alberto Fujimori. Conducía yo entonces un programa de televisión y un día, de manera inopinada, me dice mi productor que Armando Villanueva pedía venir.

Vino, efectivamente, y cuando la entrevista hubo comenzado me sorprendió el motivo de su presencia. Armando Villanueva venía a dar un mensaje –dijo- “a los que desde ambas orillas políticas ven este canal y este programa –cito de memoria-, para decirles a los que se van y a los que entran, con la autoridad que me dan 60 años de militancia aprista, diez de ellos en la cárcel, que no persigan a nadie. La persecución política –añadió- no es solo una inmoralidad, es un error que se paga muy caro”.

Fue el tenor de toda la entrevista ante un conductor asombrado por la nobleza de este viejo líder aprista –partido del que había yo discrepado públicamente- y por su generosidad personal hacia mí, a quien nada debía, y cuya posición política en ese momento no era ningún secreto. Cuando las luces se apagaron, le expresé mi agradecimiento. Su respuesta lacónica fue: “yo lo conozco a usted”. Es todo lo que dijo. Era cierto. Había visto yo a Armando Villanueva muchas veces en casa de Manuel Ulloa. Eran muy amigos a pesar de la distancia política y en esa época era yo uno de los secretarios de Ulloa en el premierato. Lo asombroso es que Armando agregó en ese momento: “sí, recuerdo, pero no. Yo lo conozco a usted”. No sé, entonces, de qué se trata, respondí. “Verá –narró-, usted es nieto de la Ñaña”. Ese era, en efecto, el apodo de mi abuela. “Es usted bisnieto, entonces, del coronel César Gonzales Navarrete, hijo de José Gonzales, muerto en la batalla de Miraflores”. Me sorprendió que tuviera un conocimiento detallado de esos hechos, años después he sabido de su memoria asombrosa. “No sé si usted sabe –agregó- que su bisabuelo, el Coronel, es un héroe del partido aprista”.

Continuó: “el año 19 era el Coronel prefecto de Trujillo, y Víctor Raúl era su secretario. Tuvo que reprimir el Coronel de mala gana una revuelta campesina ese año contra la oligarquía terrateniente trujillana. El Coronel les reclamaría luego airadamente sus abusos. En cuanto a su secretario, le dijo en privado que no desconocía que estaba sospechosamente vinculado a la agitación. Agregó, sin embargo, que habiendo sido nombrado prefecto del Cusco, Víctor Raúl se venía con él. Caso contrario –dijo-, ya lo sabía, en Trujillo iban a matar al joven político que poco después fundaría el Apra.

“De modo que –concluyó Armando Villanueva-, Víctor Raúl, el Apra y yo tenemos una gran deuda con su bisabuelo, el Coronel. Ahora ya está pagada”, agregó.

No dijo más. Se dirigió en silencio a la puerta y se fue. Lo vi alejarse con su balanceo cansino al andar. Hoy tengo la deuda que me toca devolver, que viene de mi bisabuelo y tiene un siglo casi y seguirá adelante con viento favorable, porque de eso está hecha la política cuando tras de ella hay, como la había en Armando Villanueva, cierta idea de la grandeza.