LA EXTRAÑA VISIÓN DEL HIDALGO DE LA MANCHA 2ª PARTE

Publicado el 30 noviembre 2015 por Farranz
5 —LA LOCURA COMO PRIMER EJE TEMÁTICO DE LA NOVELAComo ya ha sido señalado en el preámbulo de este trabajo, ambos capítulos a los que ahora haremos mención, se ubican en la primera parte de la obra cervantina.
Tres son los temas principales que a lo largo de la obra se entrecruzan constantemente, para mantener una unidad de sentido en toda la novela. La locura, la libertad y la justicia.
El primer eje temático es la locura y con ella da comienzo la obra. Don Alonso Quijano enloquece como consecuencia del exceso de lectura de novelas de caballería. Y la misma acabará cuando recupere al final de la novela su sentido de realidad.
En el capítulo XXI, el autor nos ofrece la narración de una de las aventuras que tiene durante su segunda salida. La misma consta de dos partes muy definidas. En la primera trata de la aventura del yelmo de Mambrino y en la segunda el diálogo que mantiene el caballero y su escudero acerca del rucio rodado.
A pesar del golpe psicológico, que supuso a don Quijote y al apaleado Sancho Panza, el final de la aventura de los batanes (capítulo XX), ambos personajes prosiguen su camino, mientras comentan lo sucedido.
Entretanto la lluvia les sorprende. Cervantes—Cide Hamete narra, que a lo lejos el caballero de la Triste Figura “descubrió un hombre a caballo, que llevaba sobre la cabeza un objeto que brillaba como si fuese oro…”
El autor omnisciente facilita al lector los datos básicos de la realidad. Lo primero es poner ante los ojos del lector, “una cosa que relumbra como si fuese oro”. La visualidad del relato nos conduce a observar un objeto que desconocemos pero que emite destello de color amarillo. Luminosidad, color, indeterminación de las formas, movimiento…
Es esta imagen la que provoca, el diálogo entre señor y criado.
“Si no me engaño –dice- viene hacia nosotros uno que trae puesto sobre su cabeza el yelmo de Mambrino, sobre el que ya hice el juramento que sabes”. Así el narrador enlaza esta aventura con la del vizcaíno, pues fue en ella cuando don Quijote perdiera la celada, que había traído de la aldea en su segunda salida.
La pérdida de ésta pieza escocerá a nuestro héroe lo que le lleva a hacer juramento de venganza (Cap. X). Su escudero intentará disuadirlo de tales propósitos.
Su señor sin embargo, insistirá en “hacer la vida que hizo el gran Marqués de Mantua, cuando juró en vengar la muerte de su sobrino Valdovinos” y así prometió “hasta tanto no consiga arrancar por la fuerza otra celada tan buena como ésta a algún caballero”.
En pocas palabras, el objetivo de don Quijote es hacerse con otra celada. Así que las frases que dirige a su escudero cuando ve a lo lejos “un objeto que relumbra”, tiene una alusión retrospectiva. Por su parte Sancho, con el recuerdo aún fresco de los palos recibidos “en los batanes” contesta de manera comedida a su señor, previniéndole de posibles engaños de los sentidos. Este comentario les lleva a iniciar una controversia.
“Dime ¿no ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo rucio rodado, que trae puesto en la cabeza un yelmo de oro?”
En este punto se ha pasado “de hombre a caballo” a “caballero”. Así el caballo se tiñe de notas particulares de color. El escudero replica, que solo ve “un hombre sobre un asno pardo como el mío, que trae sobre la cabeza, una cosa que relumbra”.
Pero en lo que ambos coinciden, es que la montura a lomos de la que cabalga el hombre que ven a lo lejos es de color pardo, aunque el lenguaje usado para designar tal hecho sea distinto.
Y a don Quijote le es igual que sea asno o caballo, de lo que está seguro es, de que “la cosa que relumbra” es el yelmo de Mambrino y lo afirma categóricamente.
El caballero anuncia que se propone adueñarse del famoso yelmo. La impaciencia y la cólera dominan el ánimo de don Quijote de igual manera que le ocurriera en la aventura de los Moli nos.
¿Pero de dónde saca don Quijote eso del Yelmo de “Mambrino”?
Si bien no consta que el hidalgo aldeano hubiese leído “Orlando innamorato”, parece ser que si lo había hecho de la infame traducción del “El espejo de Caballería” (cap. VI)
En esta obra tenemos a uno de los grandes guerreros cristianos Ricardo Montalbán, que es quien está utilizando el yelmo de Mambrino. En su combate durante la invasión mahometana por parte del rey Gradasso, hace que el yelmo, que es encantado, salve la vida de Reinaldo. (Libro primo, canto IV, 82) Esto nos hace ver que don Quijote, tenía razones sobradas para pensar que el Yelmo se encontraba en España.
El yelmo es un objeto mito-poético creado por la fantasía del autor. Está hecho de imaginación pura, por lo que no puede pertenecer al orden de las cosas existentes, de las que llamamos “cosas reales” que se insertan en el tiempo.
Por lo tanto no es algo físico como una bacía. No es un cuerpo que ocupa el espacio. Todo parece conducir a una nueva acción, pero sin embargo no es así. El autor nos facilita una explicación del porqué en el horizonte ha aparecido un hombre con una cosa reluciente en la cabeza.
* Cuenta la historia del barbero y de su viaje a la aldea vecina.
* Un segundo punto es la introducción de la famosa bacía de azófar (latón) sin estos protagonistas el yelmo y la bacía no habría aventura.
La historieta está montada sobre la ley de causa y efecto, pero introduciendo lo fortuito. Así, que si no se hubiese dado comienzo la lluvia, el barbero no se habría puesto la bacía sobre la cabeza y don Quijote no le habría visto.
Una vez más, el azar contribuye a que las cosas sucedan de manera diferente a como hubiesen sucedido de imponerse las leyes estrictamente necesarias. Sancho tenía razón… estaba limpia y relumbraba.
El escudero para atacar a don Quijote le manifiesta “que éste, todas las cosas las veía con mucha facilidad y las acomodaba a sus desvaríos sobre la caballería y muchos pensamientos.br>El autor condena a su personaje, el mismo al que él había signado el papel de loco, como principio de su excéntrico comportamiento. Los hechos parecen darle la razón a Cervantes.
Don Quijote sin decir ni muste ni fuste se precipita a todo correr con su Rocinante hacia el barbero y con lanza en ristre le intimida a que le entregue de inmediato un objeto del cual, el barbero no tiene ni la más remota idea.
Cierto es, que en las historias de romances y caballeros, no faltaban las ocasiones en que un caballero atacara a otro sin que mediase palabra alguna. El barbero huye atemorizado ante aquel ataque abandonando la bacía.
Don Quijote ordena a Sancho, que alce el Yelmo (de Mambrino) El escudero obedece pero al levantar el objeto declara: “Por Dios que la Bacía es buena…”
Ante nuestros ojos ya no tenemos “la cosa que relumbra” sino la bacía del barbero, que su enemigo califica de Yelmo. Don Quijote se pone la bacía en la cabeza y nota que le queda grande y que falta para encajar la celada.
Otra desproporción: la cabeza del caballero era demasiado pequeña para el tamaño de la bacía. Pero esta desproporción encuentra respuesta rápida facilitada por su fantasía creadora. “Sin duda, que el pagano a cuya medida se forjó primero esta celada, debía tener grande la cabeza; y lo peor de ello es que falta la mitad”
A pesar de su imaginación mitificante, se observan componentes lógicos. Él trata de explicarse las contradicciones que le ofrece la “realidad” inclusive no recurre a sabios encantadores.
Sancho ante las palabras de su amo se ríe, pero acordándose de lo que ocurrió al final de la aventura de los batanes procede con suma discreción.
“Ríome de considerar la gran cabeza, que tenía el pagano dueño de este almete, que no semeja ser sino la bacía de barbero pintiparada”.
Respuesta diplomática, en la que se desliza de manera hábil el motivo de “la realidad”. Su señor contento por haber logrado su propósito se muestra dispuesto a transigir. Admite, que la mitad del “encantado yelmo” parece semejarse a una bacía de barbero. Pero, “sea lo que fuere, para mí que la conozco no hace al caso su transmutación…”
Don Quijote ha captado plenamente las intenciones de Sancho de jugar con los términos de ser y apariencia.
Pero el hidalgo, humanista y caballero, no hace al caso; que el Yelmo de Mambrino se trans-mute en una bacía de barbero, como Proteo se transmutaba en cualquier animal o cosa.
El orden del conocimiento se dirige a la esencia inmutable de las cosas. Punto de vista de Aristóteles cuyos orígenes pueden ser trasladados hasta Parménides.
Si hoy el Yelmo de Mambrino puede parecerse a una bacía de barbero, argumento que emplea Sancho, se trata de algo accidental, que no puede afectar a su esencia. El diálogo de los perso-najes se desvía hacia asuntos del pasado. La cuestión que late en el fondo resurge cuando Sancho le dice. “Pero dejando esto aparte, dígame vuestra merced que hacemos con este caballo rucio rodado, que parece un asno pardo…” Sin embargo, parece que Don Quijote no capta el tono irónico de su escudero o finge no haberlo captado. No se muestra interesado en la controversia. Tampoco le preocupa, que Sancho quiera trocar los arreos del rucio del barbero por lo pobres arreos del labrador.
¿Por qué es importante el Yelmo de Mambrino para don Quijote?
Reinaldo de Montalbán mata al rey moro Mambrino y gana su yelmo encantado. En su subconsciente Don Quijote actúa como paladín carolingio.
Para él, el yelmo posee credenciales caballerescas irreprochables, lo que hace más disparatada la identificación de una bacía de barbero con el yelmo.
Sancho que es ajeno a toda cultura literaria, recibe la orden de cogerla del suelo, que le lleva a comentar “de que esta bacía es buena” (I,”21, 225)
6 —LA LIBERTAD JUNTO A LA JUSTICIA
El segundo fragmento en cuestión es el capítulo XXII de la obra. En él se narra un episodio propio de la novela picaresca. DQ y Sancho se topan en su camino con doce criminales condenados a galeras.
A petición del caballero, éstos le exponen de forma irónica, las causas que les han conducido a tal situación. La ambigüedad, el lenguaje, los dobles sentidos de lo que le cuentan, hacen que don Quijote no entienda nada. Si ya a causa de su locura, malinterpreta las situaciones y circunstancias, aquí hace que la jerga que emplean los condenados, le hagan perder toda la perspectiva.
El discurso de don Quijote en esta situación le lleva a intentar entender, porque aquellos hombres han sido condenados y la pena que estos han de cumplir.
“Las penas —les dice— que vais a padecer no os dan mucho gusto y vais a ellas de mala gana…” Esto, que para él es una evidencia, resulta una perogrullada, ya que no hay ningún condenado que vaya a gusto y voluntariamente hacia la condena.
Luego enumera las posibles hipótesis sobre las causas de lo que comienza a pensar son una injusticia. —La falta de dinero, pocos favores recibidos, el juicio erróneo del juez…
Al hacer esta valoración Cervantes que ha sido víctima en varios juicios, incluidos los injustos, hace un análisis exhaustivo de la justicia: torturas, favores, dineros y los criterios de jueces poco dados a la humanidad.
Con todo ello acaba por tomar partido y convertirse en el juez de aquellos doce condenados. Ha encontrado la causa por la que está en este mundo: favorecer a los menesterosos y opresos.
Si bien le quedará demostrado que éstos lo eran por causa y no merecían el favor de ser liberados. Después de escucharlos se erige en juez y decide deben ser puestos en libertad. A pesar de las dificultades por entender los motivos por los que han sido condenados, Don Quijote expone sus conclusiones sobre el caso que le han presentado.
a) Los galeotes van forzados y se les ha privado de libertad.
b) Nadie puede privar de la libertad. Esta es el mayor bien de un hombre.
c) Con su condena se ha cometido una injusticia.
d) Don Quijote cree que su misión es atender a los desprotegidos y se erige en su defensor.
e) Por ello solicita sean puestos en libertad. Al serle negado por la justicia, la emprende contra los guardianes.
Sin embargo, cuando una vez liberados les ruega acudan a visitar a Dulcinea, éstos comienzan a tirarles piedras. El resultado que obtiene, ya que es despojado hasta de la ropa, es que se ha equivocado.
COMENTARIO FINAL
LA LOCURA —Cervantes usa la locura como un recurso novelesco, que la convierte en el primer eje temático de toda la obra. Si la idea original del autor es parodiar las novelas de caballería, nada mejor que un pobre hidalgo, que enloquece a causa del exceso de lectura de las mismas. Pero esta locura no se manifiesta de igual manera a lo largo de ella. Le acompañan ciertos matices. En la primera salida nuestro caballero desfigura la realidad: transforma las armas, el caballo, su propio nombre…
Más tarde adecua la realidad a su mundo de fantasía: los molinos son gigantes, los rebaños ejércitos, la bacía en un yelmo…
Durante la última salida son los demás los que alimentan y transforman la realidad para burlarse de él.
Llevados por esta pequeña reflexión podemos extraer dos conclusiones de los textos a los que hemos hecho referencia.
1º El hecho de que, nuestro caballero en una de sus primeras aventuras pierda la celada, hace que nuestro hidalgo sienta que no puede representar a los caballeros andantes, a falta de tal pieza en su vestir.
Cuando por causa de una lluvia inesperada, se encuentran con el barbero que va de una pobla-ción a otra y que se cubre la cabeza con la bacía, hace que el fulgor que ésta desprende le haga pensar, que está ante el objeto perseguido.
Si bien Sancho le quiere hacer ver que la visión le engaña, nuestro caballero no está dispuesto a transigir.
LA LIBERTAD JUNTO A LA JUSTICIA —El segundo eje sobre el que se afianza la obra es la libertad. Si la transformación del hidalgo en caballero andante puede atribuirse a un acto de locura, puede ser necesario que también lo fuera, a la necesidad de encontrar su propia identidad.
Este ideal de libertad refleja la fuerza del espíritu humano, en su lucha por construirse a sí mismo. Para ello nuestro personaje defiende su capacidad de iniciativa de pensamiento, iniciativa y acción. “La libertad Sancho, es uno de los preciosos dones que a los hombres les dieron los cielos;…”
Este ideal de libertad que el hidalgo expone es el mismo que durante el siglo XVIII asumirían los liberales europeos.
La libertad es la soberanía del individuo para decidir sin presiones ni condicionamientos, de-jándose llevar por su inteligencia y voluntad a regirse por sí mismo.
La justicia como elemento complementario de la libertad, lleva al hidalgo a concretar que el orden social no es una función de la autoridad, sino de los individuos que como los caballeros andantes, se echan sobre sus hombros la lucha contra la injusticia y libertad en el mundo que viven. Por eso toman a su cargo la defensa del más débil.
Bibliografía:
WIKIPENDIA
CENTRO VIRTUAL CERVANTES
MATERIALES DE LENGUA ORG.
WIKISOURCE
WWW.RELIGION Y CULTURA ORG.
WWW.WORLDCAT ORG.