LA LEYENDA DE UNA CASA SOLARIEGA
«¿Necesitas que alguien te diga que te quiere?»

¿Qué sucede si se rompe el lazo que nos une con nuestro pasado? ¿Acaso podemos vivir sin conciencia de lo que fuimos, de lo que amamos, de lo que rechazamos; es decir, sin conciencia de quiénes somos? Y otra pregunta, ¿qué felicidad puede tener alguien a quien se le pide que sea lo que no es?
La leyenda de una casa solariega (1899) es una novela excepcional. Es el relato de un hombre con dos posesiones que ama: una espiritual y otra material. Un hombre que para salvar su casa renuncia a su vocación de músico. ¡Ah…!, pero la novela es mucho más que el eco de Gunnar Hede, el violinista frustrado.
En La leyenda de una casa solariega hay un personaje femenino que comparte intensidad con el protagonista. Es Ingrid Berg, la joven huérfana y soñadora, la muchacha de temperamento inseguro, bondadoso, nostálgico e introvertido que se enamora del ser que la rescata de la soledad en la que se halla. Porque Ingrid es liberada por Hede no cuando él la salva de una muerte real, sino cuando, aún estando cuerdo, defiende el derecho de la joven a ser quién es —Hede, que teje la trama con su espíritu perdido.
Selma Lagerlöf (1858-1940) nos ofrece una novela de hondo calado psicológico, donde la constancia es la respuesta a todos los males. La leyenda de una casa solariega puede parecer una historia romántica, porque en ella el amor es eje del argumento. Sin embargo, no siempre lo que parece… es. No estamos frente a una novela de amor, sino frente a un discurso con intención de mostrar, entre otros aspectos, la conexión que existe entre las relaciones humanas y nuestro temperamento.
Hede, el protagonista, enloquece cuando renuncia a su violín. La locura lo lleva a olvidarse de quién fue. Ingrid, con un carácter marcado por la falta de cariño, vive sumida en sus pensamientos. Estas características de los personajes permiten a la escritora sueca mostrar sus simpatías por las tesis psicoanalíticas que gobernaron las tertulias de los últimos años del siglo XIX.
Ingrid representa al inconsciente —procede en los sueños hasta que circunstancias extremas la empujan a actuar—. Hede es la imagen de la enajenación. El protagonista, que sufre una adicción —la música es su droga—, se convierte en víctima de su miedo —el miedo le arrebate la identidad.

Selma Lagerlöf, retrato, Carl Larsson, óleo sobre lienzo, 1908.
La novela, que se desarrolla en los años treinta del siglo XIX, es emotiva y, a veces, desesperante. Es una historia poética, donde no faltan alusiones a las leyendas escandinavas. Es un homenaje a la lealtad y es una reflexión sobre la complejidad de la vida. Pero sobre todo, como he apuntado antes, es espejo de su tiempo, pues Ingrid y Hede, son ficciones creadas por Selma Lagerlöf para teorizar sobre la mente humana.
Los protagonistas de La leyenda de una casa solariega, partiendo de experiencias personales y envueltos en descripciones de entornos naturales, hacen un recorrido que los conduce a la recuperación del espacio perdido —Hede— y al descubrimiento de un espacio propio —Ingrid.
Selma Lagerlöf fue la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Literatura (1909) y la primera mujer que formó parte de la Academia Sueca (1914). Selma inauguró en 1911, cuando fue aprobado el voto femenino en Suecia, la Conferencia Internacional de Sufragistas. Pero, principalmente, Selma Lagerlöf es la autora de uno de los relatos infantiles que más disfruté en mi infancia. Ella regaló a los niños El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia.
La leyenda de una casa solariega está traducida por Elda García-Posada, quien aporta un posfacio que ahonda en la vida de la escritora. El libro se encuentra dentro del catálogo de la editorial Funambulista.


ENLACES INTERNOS
Doctor Glas (Hjalmar Söderberg).
Ibsen. «Un enemigo del pueblo». Incluye la película.
Penas de amor de una gata inglesa (Balzac).
La máscara robada (Wilkie Collins).
Henrik Ibsen, la mujer y un lienzo de Edvard Munch.
Memorias de una suegra. George Robert Sims.
Encontraste un alma (Edith Södergran). Poemas.
Cuentos de música. Antología.
Edith Wharton: dos editoriales y una misma escritora.
La prima Phillis (Elizabeth Gaskell). Novela.
Sagitario. Novela (Natalia Ginzburg).
Retrato de un asesino. Crimen en Navidad (Anne Meredith).
Virginia Woolf. «Escritoras. Retrato de mujeres».
El baile (Irène Némirovski). Novela.
La presa (Irène Némirovsky). Novela.
Berthe Morisot. Impresionismo con nombre de mujer.
El misterio de la Casa Roja (A.A. Milne).
31 mujeres: el «remake» en el arte expositivo. Fundación Mapfre.
Antología de relatos románticos tormentosos.
Artes plásticas con nombre de mujer. Maestras.
Canciones de amor (Sara Teasdale). Poemas.
La huraña. Relato (María Gabriela Díaz Gronlier).
Ofelia y la copa dorada. Relato (María Gabriela Díaz Gronlier).
El peral de Esperanza. Relato. (María Gabriela Díaz Gronlier).
Los crímenes de la calle Morgue: película y obra de teatro.
Urueña. Museo de instrumentos musicales.
Carlos V y la música.
Música en la Antigüedad.
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