La maternidad y la gente poniéndose indeseable

Publicado el 22 enero 2016 por Sylvia
Viendo ESTE video de Miriam Tirado: "La maternidad y los consejos no deseados", me he animado a escribir esta entrada que podía verse venir luego de mi declaración de "no se aceptan críticas".
Antes de que B naciera, leí varios artículos ligeros sobre cómo se porta o cómo debería portarse la gente alrededor de un bebé y su madre, sobre todo del recién nacido y la madre primeriza. Yo decía que al contrario de lo que leía, sí deseaba visitas, y ahora puedo asegurar que fueron muy valiosas para mí. Es más: la verdad es que resentí algunas visitas que esperaba y no llegaron. También decía que no había porqué señalar algo como "traigan obsequios" o "ayuden a lavar los platos", y en eso no me sostengo de la misma manera. Claro que nadie tiene que hacer nada, pero es un momento en el que se aprecia sobremanera que alguien tenga la amabilidad de preguntar "¿qué se les ofrece?" A mí me estuvo cuidando mi abuela, y hubo días en los que teníamos que esperar hasta que el papá de mi hija llegara por la noche, para que trajera algo de la tienda. Luego está el trato hacia los bebés. Creo que si te relacionas con adultos a los que hay que explicar que un bebito no es un juguete, o que hay que tener las manos limpias para tocarlo, harías bien en revisar con quién te relacionas. Yo me rodeo de puras personas que en ese sentido son tan normales como cabría esperar. Mi único señalamiento sobre el trato hacia los bebés es en otro sentido: es sobre la atención que estés dispuesto a darles, a ellos como personas o como tema. Si estás yendo a conocer al bebé, no coloques como centro de la conversación algo que no sea la cría, a menos que la mamá lleve a otro lado la plática. Tal vez las visitas express se inventaron para los que no pueden con eso.
Ya con nueve meses entre el día que B nació, y hoy, estoy muy lista para decir que hay dos principios básicos para visitar a una familia con bebé, recién nacido o mayor:
- Sigue la pauta que marquen los papás. Observa qué tan cuidadosos son con la higiene o la manipulación del bebé, para saber cómo esperan que actúes. Si observar no basta, pregunta. No supongas que esto cambia porque el bebé haya dejado de ser recién nacido: si no eres parte de la crianza del niño, pregunta antes de darle, hacerle, etc. Hay relaciones de mayor o menor confianza, pero espera a que la postura, la mirada y la actitud en general de la madre, te digan qué tanto puedes "hacer" con su cría sin pedir permiso.
Y:
- No critiques, ni en broma. No opines negativamente, así la opinión sea objetiva. Ni sobre el bebé, ni sobre la mamá -ni sobre su cuerpo, por supuesto-, ni sobre el papá, ni sobre la casa, ni sobre la familia. Esto incluye consejos no solicitados que para tener sentido presuponen algo criticable o negativo.
En serio, personas del mundo: Si su crítica u opinión negativa es de gran valor, abran un blog personal, escríbanla y publíquenla. En vivo, de persona a persona, o de persona a familia: si no tienes algo bueno que decir, no digas nada. En algún momento de la transmisión cultural entre generaciones, se perdió la bonita costumbre de autocensurarnos, tal vez en aras de una libertad de expresión comprendida de modo infantil.
¿Que así las madres aberrantes solo vamos a oír "lo que queremos oír"? ¡EXACTO! De eso se trata.
A ver:
Todos necesitamos oír cosas que no nos gustan, que pueden incluso poner el dedo en la llaga, y que es necesario que alguien nos diga. Simplemente, hay que preguntarse a una misma: ¿Me corresponde decirlo? Porque hay maravillosos espacios para la consejería y el análisis, que liberan a todos los que quedan fuera de ese espacio, de la ominosa carga de andar por la vida señalando pajas y vigas en los ojos. Puede haber conversaciones cálidas entre personas que confían una en la otra, más que sustitutivas de espacios profesionales, pero la clave es haber recibido la pregunta del millón: "¿Qué opinas?" Si no precede la pregunta: favor de abstenerse.
Cierto es que la pregunta no se hace siempre explícitamente, pero entre errar por creer que se ha hecho, y errar por creer que no se ha hecho, mejor lo segundo. Hay formas de comunicación en las que (la pregunta implícita) está más clara que en otras. Hay relaciones de "tú y yo nos decimos cualquier cosa, que ya nos conocemos". Ahí yo creo la clave es revisar: ¿Me han dicho "gracias" por lo que he dicho anteriormente? ¿Me dijeron en otra ocasión que se siente bien contar con mis opiniones? Con los foros es fácil: está activada o no, la posibilidad de comentar... aunque hasta en eso hay filtros: en los blogs, algunos escriben un mensaje sobre el tipo de comentarios que esperan; otros revisamos antes de publicar, lo que eventualmente permite dejar fuera lo que no queramos incluir en la conversación pública con los lectores. En persona no es tan sencillo.
En cualquier caso, lo que hay detrás del comentario es lo que lo hace indeseable o no. Porque no fastidia que alguien te diga que algo le parece que no está bien, sino notar que se está situando en una posición en la que se da permiso de reprobarte. Es el modo de decir: el gesto, el tono, la elección y el acomodo de las palabras; el modo refleja la intención y las premisas del que habla, y a veces es intención de juzgar y una cosmovisión de "los que no son como yo están mal".
Silvia Parque