Siempre consideró la cartomancia una tontería más entre tantas. Hasta aquella noche. Madame Lamorte, pitonisa profesional, volteó el arcano. Fue entonces cuando notó en su cuerpo trémulo una gélida y terrorífica mirada. Allí y entonces acabó su manifiesta incredulidad. La echadora de cartas, rostro desencajado, cayó fulminante a sus pies.