Las historias de mi abuelo... el "marchante"

Publicado el 22 junio 2013 por Lopoma
¡¡Hola , hola, hola!!
Feliz verano a tod@s, hoy empieza oficialmente en España... yo no llevo muy bien el verano desde que vivo en Madrid (os recuerdo para los que no lo sepáis que soy gallega, de La Coruña), ha sido un cambio bastante drástico para mí, pero gracias a la piscina, las terracitas, las cañas de cerveza fresquitas, las barbacoas en casa de nuestros amigos etc lo sobrellevo bastante bien (o lo intento) jejeje
Lo prometido es deuda y a petición "super popular", os traigo una nueva historieta de mi peculiar abuelo (si, voy a seguir contando historias divertidas de mi abuelo, que para eso era mi abuelo, faltaría más).
Mi abuelo era una persona con un gran sentido del humor, eso no es novedad para los que habéis leído las otras "entregas" de las historias de mi abuelo. Tenía un humor guasón, sarcástico y muy picarón... la verdad es que te meabas de risa cuando le veías poner cara de situación, para a continuación soltarte la barbaridad más grande que te podías imaginar.
Mi madre se divorció hace muchos años de mi padre y más de una década después, rehízo su vida con otro hombre. Mi abuelo era muy conservador en ese sentido y en ese momento, como estaban recién empezando  la relación, mi madre prefirió esperar un tiempo para hacerlo "oficial" con mi abuelo.
Casualidades de la vida, a mi abuelo le dio un arrechucho bastante grande y hubo que hospitalizarlo. Mi madre por aquél entonces tenía un trabajo con un horario bastante malo, que le ocupaba gran parte del día, así que fue la última en ir al hospital. Mi abuelo parecía que no se enteraba de las cosas, pero era más listo que el hambre y creo que más moderno de lo que pensábamos todos, a pesar de su edad y sus creencias religiosas. Tuvo su gracia porque aunque estaba un poco sedado, tuvo humor en ese momento y nos dijo: 
"¿Dónde está la Pulga?" (ya os conté que a todos nos tenía puestos motes, mi madre era la pulga porque es la más bajita de 5 hermanos y todos son muy altos)
A lo que respondió mi tia.
"Está trabajando, pero en cuanto salga vendrá por aquí".
En ese momento, a mi abuelo le cambió la cara y se le dibujó una sonrisita pícara ... era gracioso verle, porque sonreía con la boca torcida hacia un lado, cuando iba a decir alguna "insolencia". Mi tía ya se puso alerta, porque evidentemente, lo conocíamos de sobra:
"A ver, ¿qué estás pensando?, ¿qué vas a decir?
Y mi abuelo respondió lo siguiente:
"Y digo yo... la Pulga está muy ocupada últimamente... ¿No será que tiene un "marchante" que le está regando el perejil?" 
Todo esto lo dijo de carrerilla, alaaaaa!!! y se quedó tan pancho, con la sonrisa torcida y más ancho que alto. Los allí presentes nos quedamos de piedra, no sabíamos ni que decir, entre lo sorprendidos que nos quedamos con semejante frasecita y que nos estaba entando la risa!!  Mi tía optó por llamarle la atención y decirle que cuidara esa lenguita y mi abuelo decía "ya, ya, ya..." pero os confieso que tuvimos que salir de la habitación y reírnos a carcajadas a nuestras anchas, porque no podíamos con la vida, mi tía no podía parar de repetir "regando el perejil" y seguíamos riendo como locas.
Por la tarde apareció mi madre y subió a la habitación con su pareja, mi abuelo estaba medio dormido y mi madre se confió. De repente, mi abuelo se despertó, saludó a mi madre y se quedó mirando fijamente a su pareja. Inmediatamente su sonrisa torcida e insolente, volvió a hacer presencia en su cara y mi tía y yo nos miramos con cara de susto, ojos abiertos como platos, sudores fríos, palpitaciones... el terror se apoderó de nosotras, creíamos que iba a volver a decir lo mismo, pero no... esta vez fue más sarcástico y más "fino"...
"¡¡Hombre, pero si está aquí la Pulga!"
Y mi madre con semblante sonriente e inocente le dijo:
"Si, ya estoy aquí ¿qué tal estás?" 
Mi abuelo no respondió a la pregunta e insistía en mirar a la pareja de mi madre, Mi tía y yo cada vez sudábamos más...
"¿Y ese hombre, quien es, tu taxista?"

El pobre de Manolo (la pareja de mi madre) se puso rojo como un tomate y se acercó enseguida y le saludó, dándole la mano, muy formal él:
"Buenas tardes Antonio, me llamo Manolo y no soy taxista, soy amigo de su hija Marita"
Abuelo Antonio, con más sonrisa sarcástica que nunca:
"Ahhhhhhhhhh buuuuuueeeeeno, yo pensaba que era usted un taxista, como estaba ahí tan callado... Pues encantado hombre".
Mi tía y yo respiramos tranquilas, pero tuvimos que volver a salir de la habitación para reírnos. Un minuto después salió mi madre de la habitación, roja como un tomate maduro y cayéndole las lágrimas de la risa y Manolo se quedó en la habitación, con mi abuelo (vaya par le echó eh!!).
Fue en ese ratito cuando tuvimos tiempo de comentar todo y contarle lo que había dicho por la mañana. Mi madre no podía parar de reír y al mismo tiempo decía "que sinvergüenza". Está claro que a partir de ese momento, Manolo pasó de ser marchante, a taxista, para posteriormente ser amigo, aunque estaba claro que ya era oficial que era la pareja de mi madre, aunque nadie lo decía tan claro. Nos sorprendió que se lo tomara con esa naturalidad, porque como os comentaba, él era muy tradicional para esas cosas, pero lo más impactante para nosotras fue la frasecita, a la que tenía que haberle puesto copyright, porque no me digáis que no era para eso.
Sobra decir que desde entonces, quedó patentada en mi familia y que es habitual que hagamos bromas con lo del riego de perejil.
En fin, mi abuelo era así, genio y figura, hasta en los momentos más delicados, tenía ganas de hacer bromas, creo que esa era su gran fortaleza.
¡¡Hasta la próxima entrega de las historias de mi abuelo,  que paséis un feliz fin de semana!!
PD: Quiero dedicar esta entrada a Pilar Bazán y Beatriz Campillo, seguidoras del blog y nuevas fans de mi abuelo.