Las masas siempre tienen la razón

Publicado el 08 noviembre 2018 por Ivandelanuez

Iván de la Nuez

 

En La anarquía que viene, libro de 1994, Robert Kaplan llegó a la conclusión de que no todos los países necesitaban la democracia. Para este sociólogo norteamericano, si el capitalismo quería salvarse, debía apostar, ante todo, por la estabilidad política. Y esto la democracia no lo garantizaba en varios estados de África, Asia o Latinoamérica, donde sólo podría añadir más confusión al caos en el que ya estaban sumergidos.

En el mundo posterior a ese libro, el apogeo del populismo es, quizá, el síntoma político más evidente de ese divorcio entre capitalismo y democracia.

A la eclosión de ese fenómeno mutante se han dedicado últimamente decenas de libros, que inundan librerías, suplementos culturales o incluso ferias del libro. A definir su lenguaje, sin embargo, se han dedicado pocos; y en esa singularidad reside el primer acierto de Ferran Sáez Mateu a la hora de abordar este asunto. Si Octavio Paz habló del caudillo latinoamericano como un espécimen surgido de la tradición hispano-árabe, y si Manuel Vázquez Montalbán llegó a calificar a Hugo Chávez como un caudillo posmoderno, Sáez Mateu entiende el idioma populista como “el lenguaje de la adulación de las masas”. Esa definición de partida -que evoca a Ortega y Gasset- es ya un indicador de la inteligencia de este ensayo, que sistematiza los discursos de políticos como Orbán, Maduro, Le Pen o Donald Trump, a la vez que calibra su impacto global.

Populisme. EL llenguatge de l´ adulació de les masses funciona, además, como repaso a un estado de la cuestión en el que se inscriben desde Ernesto Laclau hasta Federico Finchelstein.

Para Sáez Mateu, el populismo no es una ideología, ni un programa, ni una posición del todo previsible en el espectro político. Puede estar en el centro, la izquierda o la derecha. En él tienen cabida un millonario egocéntrico, un conductor de autobuses pasado por una escuela de cuadros en La Habana, la heredera política de un derechista extremo de toda la vida o un abogado paranoico surgido del comunismo.

Y esto es así porque el populismo es, ante todo, un sistema de signos que abusa del lenguaje coloquial propio de quien cree hablar con la voz de todos. Así pues, encontramos que al populismo no le importa mover, sino promover. No quiere complicar, sino simplificar. A diferencia del fascismo o el estalinismo, en lugar de borrar al enemigo, lo hipervisibiliza. Da igual si se trata del imperialismo, la prensa liberal o los intelectuales; cualquier cosa que le funcione como un blanco fácil contra el que alcanzar o afianzar su poder.

El diccionario populista de Sáez Mateu se escribe entre Italia y Argentina, Venezuela o Polonia. Desde estas geografías, consigue desmenuzar una semántica política que ha llegado a quebrantar el sustrato liberal de las sociedades occidentales, a base de usar la democracia mientras la va triturando.

Resulta interesante el matiz español en el periodo del desarrollismo bajo la dictadura de Franco. O su mirada sobre la validación de los excluidos, el ataque reiterado a las élites, la reconversión de la ciudadanía en pueblo, del votante en cliente, la sociedad en audiencia. Todo esto, aderezado con el uso y abuso de la cultura de masas o una gestión calculada entre la proximidad y la distancia, la visibilidad y la opacidad.

Un líder populista sabe combinar el idioma del hooligan (preferentemente de fútbol) con el de las redes sociales, y a su demagogia pueden bastarle 140 caracteres.

Lejos de los tanques pensantes que marcaron la Era Reagan, el autor detecta una diferencia entre el rigor intelectual que hoy exhibe el populismo de izquierda y la desnudez teórica de una derecha en la que no quedan rastros de aquellos tiempos en los que Daniel Bell, Hilton Kramer o Milton Friedman marcaban la agenda ideológica del neoconservadurismo.

Con el sello típico de otros libros suyos, Sáez Mateu mezcla con destreza la investigación académica, el apunte al vuelo y una prosa socarrona. Al mismo tiempo, se resiste a aceptar que vivamos en una condición posdemocrática, acaso por albergar la esperanza de un retorno salvador de la modernidad ilustrada.

Populisme. EL llenguatge de l´ adulació de les masses es un libro que valdría la pena leer en América Latina. También un ensayo al que exigirle un tratamiento más incisivo de la cuestión catalana, un territorio donde las masas han llegado a recordarle a sus líderes que están ahí para obedecerlas, pues el gobierno lo detentan ellas.

Leyendo las aportaciones de Sáez Mateu, uno está en condiciones de parafrasear a Marx y entender que, si hasta ahora la política se dedicaba a gobernar la sociedad, ahora trata de simplificarla. Y también que si el resultado caótico de este mundo le da la razón a Orwell, la clave para su gobierno podemos encontrarla en Perón.

(*) Una versión más breve de este artículo se publicó en Quadern, suplemento en catalán de El País, el 1º de noviembre de 2018.

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