Revista Literatura

Las ocho puertas

Publicado el 16 agosto 2017 por Farranz
Un gurú, de los muchos que predican por nuestras ciudades y que parecen estar en posesión de la verdad absoluta, dijo que la felicidad se encontraba detrás de ocho puertas, que toda persona que la persiguiera debía atravesar.
Esteban Mujica, era uno de nuestros contemporáneos, que aspiraba a conseguir ser feliz, eso si, no menos que el resto de los mortales próximos a él.
Lo primero que hizo, fue averiguar donde se encontraban situadas esas puertas y en que condiciones se tenían que atravesar, para que fuera efectiva la felicidad.
Para ello acudió, a sacerdotes, rabinos, monfíes, guías espirituales… Cada uno de ellos dejó en el joven Esteban, la impronta de sus ideas, para alcanzar el objetivo perseguido.
Después de escuchar a unos y a otros, llegó a la conclusión de que tenía que haber una ciudad, que respondiera al conjunto de respuestas recibidas.
No tardó mucho, pues era culto, en fijarse que a lo largo de la historia se había señalado a Jerusalén como una ciudad impregnada de los más altos ideales para alcanzar el cielo. Pero, es que además esta ciudad, contaba con ocho puertas, si bien una de ellas estaba tapiada: La denominada Puerta Dorada, Puerta de la vida eterna o Puerta de la misericordia.
Pero ¿Por qué debía atravesarse cada una de las restantes?
Decidió que, durante algún tiempo, intentaría averiguar los motivos antes de aventurarse a un viaje incierto.
La primera puerta a la que dedicaría su tiempo sería, La Puerta de Jaffa o Puerta de la Torre de David, situada en el lado occidental de la ciudad vieja. De todo el estudio que efectuó, llegó a la conclusión de que, dicha puerta, había tomado diferentes nombres a lo largo de la historia.
* Puerta del amigo (Khalil en árabe y cuyo significado es Hebrón) Es una clara referencia a Abraham (El amigo de Dios) y cuyo cuerpo está enterrado en Hebrón.
* También es conocida como la Puerta de la Torre de David (Migdal David en árabe) Era la antigua entrada a la fortificación de la ciudad vieja.
Abraham fue un gran patriarca y con él dio inicio la relación de los hombres con su Creador. La fe ciega, que puso el hombre ante la petición de Dios, para que comenzase hacer camino, le convertiría en el primer gran pastor de un pueblo al que conduciría con sabiduría. Por su parte David, el gran rey israelita al que, a pesar de sus grandes caídas, obtiene el favor de su Dios para crear una gran nación. Pensándolo bien, Esteban creyó entender porque atravesar aquella puerta podía conducir a la felicidad. Dos personajes históricos, tenían un nexo en común: Dios. No un Dios cualquiera, sino uno que se hacía presente en sus vidas, bien a través de sus profetas o bien mediante signos externos, que no podían ser imitados.br>En ambos casos, tanto Abraham como David se ponen a su disposición, para ejecutar lo que más tarde sería llamado “su plan de salvación”. Este no es otra cosa, que conseguir humanizar al ser humano, consiguiendo “que el otro” sea valorado como un hermano.
Llegar a esta conclusión le animó para emprender la búsqueda de la tercera puerta: La de los leones.
Esta es la única puerta abierta en la fachada este de la muralla de la ciudad vieja de Jerusalén. La misma, se encuentra frente al Monte de los Olivos. Su nombre se debe a las dos parejas de felinos que se encuentran a ambos lados de la puerta.
La leyenda dice, que Solimán el Magnífico (constructor de la muralla de la ciudad Vieja) fue amenazado durante un sueño, por su padre Selim I. De no terminar pronto la obra, sería arrojado a las bestias.
Como todas ellas, además del nombre original, también tiene su nombre por el que es conocida por los árabes: La Puerta de las Tribus, camino que conducía directamente al Templo. Para los cristianos es la Puerta de San Esteban, en memoria del primer mártir del cristianismo. La tumba de éste fue localizada cerca de la puerta en el Valle de Josafat.
A poca distancia, hoy se venera al santo en la iglesia edificada en su honor. Desde ese punto da comienzo La Vía Dolorosa origen de la mayoría de los viacrucis.
Esteban, en su afán de encontrar motivos por los que atravesar aquella puerta facilitasen el encuentro de la felicidad, se hizo su propia reflexión.
La puerta se encontraba frente al Monte de los Olivos. El recuerdo que tenía de aquella escena no era precisamente de alegría, puesto que Jesús había sufrido un anticipo de la pasión, que le llevó a sudar sangre. ¿Así… qué?
Jesús era consecuente con la vida que había llevado. Sabía que los sacerdotes y gente con poder, le eran contrarios porque denunciaba sus trapicheos. Las mesas de cambio en el Templo, sus imposiciones al pueblo cargando a este todo el peso de la ley, mientras que ellos vivían como reyes…
Que Jesús les acusara de ser “sepulcros blanqueados”, no le favorecía en nada, así que siempre pensó, que irían a por él. Pero todo se había acelerado al reconocer públicamente, que él era el Hijo de Dios. Aquello era una profanación que las autoridades religiosas no podían permitir y desató la búsqueda incansa¬ble del momento, para atraparlo. Judas se lo puso en bandeja.
Pero, para Esteban, estaba claro que el resultado de todo aquel proceso que le llevó a la muerte y muerte en cruz abría un espacio nuevo. Este, como la historia demostró, llevaría en los siglos siguientes a brotar con fuerza. Sin la ejecución y posterior resurrección, nada hubiese sido igual.
Una nueva puerta que debía atravesar era la Puerta de Damasco. En hebreo Puerta de Siquem y en árabe la Puerta de las Columnas. Está considerada como una de las puertas importantes de la ciudad vieja. Su construcción data de 1542 por el imperio otomano y durante el gobierno de Soleimán el Magnífico.
Se encuentra protegida por dos torres, cada una de ellas equipada con mataca¬nes (obra sólida que se ubica en la parte alta de murallas y torres). Su situación está localizada en la entrada al mercado árabe y en contraste con la puerta de Jaffa, las escalinatas descienden hacia la puerta.
En este punto, Esteban se quedó sin saber que pensar. ¿Qué tenía aquella puerta para que fuera necesario atravesarla, para encontrar la felicidad?
Después de mucho pensar y hasta en ciertas noches de no dormir bien, llegó a la conclusión de que tal vez no era necesario, que aquella puerta tuviera tras de si una historia especial. No. Cada una de ellas, suponía un paso adelante en el camino a recorrer de la vida.
La siguiente puerta de aquel recorrido era la Puerta de Sion (Shaar Sion en he¬breo). Como característica, esta puerta está construida de manera inclinada con un ángulo muy agudo. Su objetivo era, detener cualquier ataque enemigo. Situada en el sur de la ciudad vieja de Jerusalén tiene enfrente al Monte Sion y Hebrón.
Esta puerta también es conocida como la puerta de David (David Shaar en he-breo) debido a que se cree que la tumba del rey David está en el Monte Sion. La estrella de David figura en el pavimento debajo de la puerta.
Esteban volvía a estar un poco contrariado. El hecho de no haber encontrado motivos históricos o religiosos que justificasen la necesidad de atravesar esta nueva puerta, le dejaban apagado.
La puerta del Dung, del Estiércol, de la Basura, o de los Desperdicios, debe semejante nombre a que era la puerta por donde se deshacían de la basura de la ciudad.
No era la más bella, ni poseía detalle alguno que la hiciese destacar. Sin embargo, es una de las vías de más tránsito, al ser el camino más directo hacia el Muro de las Lamentaciones y la Explanada de las Mezquitas.
En algunos momentos de su historia, fue conocida como la puerta de los moros. Debido a los inmigrantes que vivían en el barrio junto a la puerta en el siglo XVI.
Parece, como si estas últimas puertas al no tener detrás de si aspectos religiosos, no pudieran ofrecer aspectos que pudieran conducir a una persona hacia la felicidad. Entendía Esteban que, para llegar a ser feliz, no era tanto lo que contuvieran las puertas, sino que estas permitieran seguir haciendo camino. En nosotros también hay miserias (basura) y atravesar la puerta sería abandonar todo aquello que estorba aun viajero en su camino hacia su objetivo.
La puerta de Herodes, denominada también Puerta de las Flores o Puerta de la Oveja, es una entrada dentro de la fortificación de la ciudad vieja de Jerusalén.
Está situada en el noroeste del Barrio musulmán de la ciudad.
El nombre es debido al hecho, de que esta era la entrada a la casa de Herodes Antipas y por la que Jesús fue conducido hasta Pilato. Esteban recordó el pasaje, en el que Herodes devuelve a Pilato el prisionero. El gobernador comenzaría a tener en sus manos, la decisión que llevaría a Jesús al Calvario.
Si, es verdad que luchaba contra él mismo e intentaba no contentar a los fariseos y sacerdotes. Pero en su cobardía al no tomar una resolución y, por contra plantear la disyuntiva Jesús o Barrabás, acabó con las posibilidades de exculpar al Mesías.
La sentencia, como ya se sabe, fue de muerte en la cruz. Por último, la Puerta Nueva (Bad al Pedid en árabe ó HaSha`ar HaChadash en hebreo) es la puerta construida más recientemente (1898). Su objetivo el conducir al Barrio cristiano.
Antes fue llamada Puerta de Hammid en honor al sultán otomano Abdul Hamid II. Está localizada en la parte noroeste de la muralla que rodea la ciudad vieja.
CONCLUSIÓN
Esteba pensó, que ya tenía de una manera sintetizada, los aspectos principales de las puertas. Estas, debían de conducir al ser humano a la felicidad, aunque era consciente, de que la felicidad es un objeto caro en nuestra vida. Tan sólo conseguimos pequeños instantes, como en el caso de las pequeñas muestras de los productos que se ofrecen al comprador, para decidirle a obtenerlos.
Durante el transcurso de nuestra existencia, vamos recorriendo senderos escarpados y serpenteantes, que tiene figurativamente diferentes puertas que hay que atravesar.
En el camino encontraremos todo tipo de barreras; unas estarán tapiadas y no podremos pasar; otras nos ofrecerán rutas directas que nos conducirán al objetivo perseguido; en otra sufriremos, bien por enfermedad, por miseria o lo que es igual a decirnos que el dolor siempre estará presente en nuestra vida.
Pero, como Abraham, David y otros personajes incrustados en la historia de la ciudad de Jerusalén y del pueblo hebreo, llegaremos hasta el final, si aceptamos todas las adversidades con espíritu positivo, a gozar de momentos de felicidad.
No hacía falta emprender el viaje a Jerusalén. Ahora ya tenía la clave de cómo ser feliz, aunque fuera en pequeñas dosis. No se puede tener todo.

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