Pobre Yolanda, decían. Ignoraban que ya no hablaba sola, que ahora tenía con quién volar.
Revista Talentos
Tras conocer su sexo, soñó su nombre y dibujó su cara. Imaginó su sonrisa, se enamoró de su mirada. Le mostró el color del cielo y el mar, su guitarra y su disfraz de hada.
Pobre Yolanda, decían. Ignoraban que ya no hablaba sola, que ahora tenía con quién volar.
Pobre Yolanda, decían. Ignoraban que ya no hablaba sola, que ahora tenía con quién volar.
