La clave residía en saber elegir el término preciso. El buscador, luego, ofrecía distintas alternativas. Resultaba llamativo que la primera opción fuera la web de la Santa Sede. Destacado, a un clic, aparecía un útil tutorial para expiar pecados y remordimientos lujuriosos. Punto por punto, el cardenal lo siguió escrupulosamente.