Lloro como si te hubiera perdido
y jamás te tuve,
lloro al irme a dormir
y pensando en vos,
que es el lugar donde más cerca tuyo estoy,
en el medio de mis lágrimas
y entre tus imágenes.
Recordando lo estrepitoso de tu risa,
tu gesto de incredulidad
que se filtra en tu mirada,
si hasta parece que te escuchara chistando tu desaprobación.
Que lugar feo puedo ofrecerte,
irremediable desazón
de las tardes de un invierno sin un nosotros.
Que lugar tan bello encontraría
subiendo tu escalera,
apenitas de un abrazo tuyo
tan tangible como deseado.
Y tu olor triste de mujer
que poco a poco se desborda
por tu cuello
y por tus piernas
tan largas como mi fe,
tu olor triste de mujer
que tu piel me trae
cada atardecer
entre tus manos
que se ciernen en el imaginario de mi cuerpo
y van y vienen
haciendo de de la distancia
puro deseo.
Te extraño homonimamente,
en este ocaso invernal.
Rubén Callejas