Revista Literatura

Lo que son las cosas

Publicado el 15 mayo 2012 por Netomancia @netomancia
Julián lo miró entrecerrando los ojos, escudriñando si realmente lo que estaba oyendo procedía de la boca de Esteban o si lo estaba soñando.
- ¿Qué? - preguntó al cabo de unos segundos, incrédulo de sus oídos.
- Dale salamín, me vas a decir que no tengo razón. Que si yo no venía ayer al bar y te pagaba el café, vos te gastabas esos últimos quince pesos que te quedaban en el bolsillo y a la salida, ni pasabas por la quiniela.
- Me querés decir que ahora la suerte por haber pegado el número a primera es mérito tuyo.
- Bueee... no digo merito Julián, pero que yo fui el aleteo de la mariposa que originó el caos alrededor tuyo, eso no me lo quita nadie.
- ¿De qué mierda hablás Esteban? ¿Dónde una mariposa?
- No boludo ¿no sabés la de la mariposa esa que revolea las alas en Japón y...?
- Pero que carajo me importa una mariposa en Saigón...
- Japón.
- Saigón, Japón, Chinchón, es todo lo mismo, no me rompás las pelotas. Y menos me vengas a decir que una parte del dinero tiene que ir para tu bolsillo. Hubieses jugado vos el número.
- Que vivo, si lo hubiese jugado no estaría acá.
- ¿Yo vivo? Vos, que ahora que ligué de arriba querés abrocharme.
- A ver... repasemos los hechos. Ayer. Por alguna razón me desperté tarde de la siesta. No iba a venir para acá, te juro que no. Si era más temprano si, pero ya a las seis de la tarde, cómo que no daba. Pero mirá como son las cosas, que voy caminando a cinco cuadras de acá y de repente, el estómago. Retorcijón de aquellos y empiezo a transpirar. Entonces me pregunto, mentalmente viste, si vuelvo a casa que son casi veinte minutos a pie o hago un desvío hasta el bar y cago tranquilo, con riesgo a no aguantar.
- Y viniste acá.
- No, eso no es lo importante; lo que son las cosas, fijate. Me encuentro con el Chino y viste como es el Chino. Largo como esperanza de pobre. Y no me soltaba más. Entonces recordé que el perejil me debía trienta mangos. No me acuerdo para que boludez me los pidió. Pero se los reclamé. No tuvo más remedio que volver al estudio y entregarme el dinero. Así que dibujate en el marote la situación. Me estoy cagando, pero recuperé treinta pesos perdidos. Tengo plata, pero no tengo baño. Entonces, con la plata en el bolsillo, salgo para el bar, con el sorete a flor de piel. Llegué con el culo fruncido. Y entonces te veo a vos, discutiendo con el Negro, que no te quería fiar en la clandestina. Y te veo entusiasmado, casi seguro del número que tenías en mente. Fijate como será que en ese instante me olvidé de que me estaba cagando. Y lo veo al Negro que enfila para la puerta de la cocina. Entonces, la disyuntiva: baño, el Negro, baño, el Negro. En eso se me escapa un pedo, fuertísimo y con un olor a puta madre. Te confieso acá, entre nosotros: no sabés la mancha que le hice al calzoncillo. Y no se si es que el Negro es sordo o boludo, pensó que lo había llamado. Me acerqué yo, para que no oliera el olor a cagadera, y le pregunté que pasaba con vos. Él me contó que andabas seco y que querías jugar, pero que ya habías pedido el café y que debías mucho en el bar y toda la bola esa, que se dice cuando se debe plata. Entonces le dije que no se fuera, que yo le pagaba el café. Fue cuando me acerqué y te dije "quedate piola, está todo pago; por ahí si querés jugarle a algún numerito y te quedan unas chirolas, jugale".
- Bueno, te doy las gracias. ¿Qué más querés? Si querés te pago el café.
- Sos amarrete Julián, sos amarrete. Casi me cago encima por tu culpa y...
- Así que ahora te cagabas por mi culpa. Una nueva ahora, doy diarrea.
- No seas... Julián, no seas así. Empecemos otra vez. ¿Viste la guita que ganaste anoche?
- Mmmm si.
- Bueno pedazo de una gran siete, podrías darme una parte o te da lo mismo que una mariposa revolotee en la loma del orto y yo me tenga que limpiar el culo con la pared, porque el puto del Negro se volvió a olvidar de comprar papel higiénico para el baño del bar. ¿Eh, te da lo mismo?

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