Lo tóxico

Publicado el 15 marzo 2021 por Elizabeth Garcés @Elizabe18542408

Se habla mucho de las personas tóxicas y de las consecuencias nefastas que acarrean a los que se encuentran cerca. Siempre han existido esas personas que cuando entran en nuestra esfera personal, aunque solo sea por unos minutos, nos dejan vacíos y con deseos de lanzarnos al abismo. Hemos llegado hasta ellos con optimismo y la cabeza repleta de proyectos pero en un abrir y cerrar de ojos el positivismo se esfumó y los proyectos nos parecen irréalizables y hasta ridículos. Lo único que deseamos hacer es meter la cabeza contra la pared, todo esto viene después de haber intercambiado una conversación con alguien tóxico y al que, por desgracia, le hemos hecho partícipe de nuestro deseo de ” comernos el mundo”

Ahora se les llama gente tóxica, el modernismo nos ha llevado a ese calificativo tan exótico, antiguamente se les trataba de pesimistas crónicos, de negativos enfermizos pero el resultado ha sido el mismo en cualquier momento: el desastre completo en la persona que recepta. Más que tóxicos yo calificaría a esas personas como malvadas porque existe una cierta maldad interior para destruir las alegrías, las ganas de vivir feliz, los deseos de emprender proyectos, la risa y todo lo positivo que pueda albergar un ser en su alma. Es pura crueldad con su funcionamiento especifico.

Es terrible cuando hay alguien tóxico en la familia, ¿ cómo actuar?. Es un conflicto entre los sentimientos y ese deseo, legítimo, de salir corriendo y no mirar nunca más atrás. Una lucha se instala en el que sufre la agresión psicológica, porque en realidad es un maltrato psicológico y tal vez consciente por parte de aquel que lo pone en práctica. Lo que es tóxico es agresivo.

Conocí a Luisa, una vecina que ya no vive en mi barrio, en su caso la persona tóxica no era otra que su madre y recuerdo perfectamente los estragos visibles de la situación. Luisa en realidad era una buena hija, no se le podía acusar de lo contrario, siempre ayudando a su madre en todo momento. Luisa era una santa, pobre chica, su vida era una basura aunque pudo haber sido de otra manera.

La madre de Luisa era una mujer triste, su pasado era el presente y de ahí no salía. Traía constantemente a la actualidad los dramas familiares, hechos ocurridos a personas que ya habían muerto afirmando que se sentía traumatizada por las vivencias de sus antepasados. Su existencia no tenia razón de ser, había endosado la de sus tias, sus bisabuelos, sus padres y en fín, todos los muertos de varias generaciones. Nunca olvido que Luisa era lo contrario, muy alegre y optimista, se agotaba en su empeño de mantener ambos rasgos de su personalidad pero a menudo era una lucha absurda puesto que su tóxica madre ganaba la batalla.

Planes positivos, proyectos de viajes, deseos de cocinar un sabroso plato, el impulso de escuchar música o cualquier intento de Luisa por llevar a cabo algo era destruido en el momento por su madre. Mi vecina ya no sabía si podía seguir compartiendo con su madre lo que acontecía en su vida puesto que, cada vez que lo hacía las frases negativas y hasta los insultos para llevarla a abandonar la destabilizaban al punto que muchas veces no daba el próximo paso.

La última vez que ví a Luisa su alegría había diezmado, sus ojos no tenían luz y si mucha tristeza. Me doy cuenta que ya se contentaba de su vida austera y sombría, sin un futuro concreto, su madre la anuló por completo para mantenerla bajo su poder.

En realidad el que es tóxico no soporta que los demás sean positivos, lo comprendí viendo el caso de mi vecina. Para alguien tóxico una mente optimista actúa como la cruz ante Dracula y por eso se emplea en destruirlo. Ya sea un familiar como en el caso de Luisa, su madre, un amigo o un desconocido lo tóxico es tóxico en cualquiera de los casos y por más que duela hay que huir. Hay que pensar en esa persona que muchas veces encerramos en un armario y casi olvidamos, esa persona es tan importante como cualquiera y no es otra que: uno mismo.

Un familiar puede ser tan, o más, destructivo que alguien exterior al ámbito intimo. No hay que soportar la situación por aquello de que es un miembro de la familia, es la manera más fácil de caer en la trampa. Echar abajo los barrotes de la prisión es un trabajo arduo que deja sin aliento pero hay que hacerlo para conseguir abrazar tranquilamente a nuestra propia persona, esa que ha sufrido entre las garras de una persona tóxica.