LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE
CINE Y TEATRO
«Toda obra es policíaca».
Eugene Ionesco

«Los crímenes de la calle Morgue», Aubrey Beardsley, ilustración Art Nouveau, tinta sobre papel, 1901.
Hoy quiero dedicar este espacio a Los crímenes de la calle Morgue, pero lo haré centrándome en dos versiones del famoso relato de Edgar Allan Poe (1809-1849). Voy a rescatar una representación teatral, que respeta la trama, y voy a escoger una versión cinematográfica, que, si bien es cierto que está muy alejada del texto en el que dice inspirarse, es entretenida y tiene su miga.
Hoy me interesa conversar sobre las traslaciones literarias a otros géneros artísticos que, como la literatura, se comunican a través de la palabra y que, como la literatura, tienen la capacidad de mostrar el argumento original desde prismas diferentes; así que no me entretendré en bosquejar la tormentosa vida del escritor, que fue tan inquietante como sus cuentos, verdaderos hervideros románticos y góticos.
Toda versión quita, añade y recrea según los intereses de los productores, los directores y los guionistas que trabajan en ella; por tanto, la obra de Edgar Allan Poe no es una excepción de la regla. Sin embargo, una cosa es la inspiración y otra muy distinta es aprovechar la fama de un autor para vender algo que nada tiene que ver con el original, hecho que se aprecia en el filme que aquí dejaré, aunque hay dos elementos que la cinta respeta y que son relevantes en el texto de Poe: uno es la ambientación —el autor escogió para su trama no su tierra americana, sino París; pues París era el epicentro de la innovación— y el otro elemento es el trabajo investigativo basado en la deducción, en la observación y en el análisis.
El detective de Edgar Poe razona, da importancia a los pequeños detalles y enlaza los hechos que se presentan aislados. Estas características del personaje son respetadas en las dos versiones que aquí dejo, pues Dupin, que aparece por vez primera en este relato y que es considerado el primer sabueso de la literatura moderna, descifra enigmas añadiendo lógica a la sagacidad.

Fotograma de la película dirigida por Robert Florey en 1932.
Los debates encendidos sobre lo racional y lo irracional, iniciados con fervor en la Ilustración, condicionan el siglo de Edgar Allan Poe, centuria que abruma por tantos descubrimientos científicos y técnicos que tuvieron lugar en él. Fueron hallazgos que modernizaron la cotidianidad en la misma medida en que estrangularon la espiritualidad. En el siglo XIX, los órganos estatales se vieron influidos por el pensamiento ilustrado, de ahí el interés de Poe en resaltar el predominio de la razón sobre todo dogma de fe, si bien el autor nunca otorgó a la ciencia superioridad sobre el individuo.
Método-ciencia-lógica-observación = revelación de la verdad. Esta es la fórmula con la que resumo el procedimiento de Dupin.
Edgar Allan Poe construyó una historia en la que aunó misterio y suspense. Hizo que los asesinatos de Los crímenes de la calle Morgue no sólo fueran problemas para su inspector y para la policía, pues Poe involucra al lector, lo rapta y lo convierte en otro detective en busca de pistas. La suya fue una manera novedosa de contar historias de misterio. Una manera que sedujo a Charles Baudelaire, a Conan Doyle, a Guy de Maupassant, a G. K. Chesterton, a Jorge Luis Borges…
Al ofrecer imágenes inquietantes —encuadres que nos hacen sentir el filo de una navaja, la sombra que se agranda en la pared hasta hacerse monstruosa, la arquitectura deforme…—, al dar a los rostros expresiones muy marcadas, utilizando el maquillaje como quien pinta máscaras, al exagerar la gestualidad, al incorporar sonidos turbadores —los gritos aterradores de una víctima, los pasos apresurados del asesino en su huida, la música que acompaña a una joven que huye por un callejón oscuro, el crujido que presagia desgracias…—, lo escrito se hace más cercano al público porque… ¡se visualiza! Es apasionante ver lo que aportan el cine y el teatro a la literatura.
Un lector al imaginar lo que lee es un sujeto activo, pues tiene que figurárselo todo; sin embargo, un espectador observa los decorados pensados por otros, de modo que el proceso que lo acerca a la obra lo vuelve un sujeto pasivo; sobre todo si, además, la representación sigue el método interpretativo «stanislavskiano». Con esto deseo señalar, porque es el objetivo de mi entrada, que existen distintas maneras de mirar un mismo texto.

Fotograma de la película dirigida por Robert Florey en 1932.
El lector tiene el libro entre sus manos y su imaginación tiene las restricciones que su mente le impone; pero en el teatro es auditorio en un espacio acotado, reducido y con un tablado que muestra una escenografía muy concreta. En cuanto al cine, el espectador es público que disfruta no solamente de las imágenes en movimiento, sino de una recreación más amplia, ya que el cine cuenta con herramientas que le permiten condensar información y, por tanto, ofrecer los subtextos que subyacen tras el argumento principal y que enlazan con el hilo transversal.
Ahora bien, una adaptación siempre es obra original… manipulada. El guionista no sólo altera la literalidad del texto, sino que también, para que encaje en su libreto, le da una vuelta a los personajes, a la acción y a la locación. Esto es algo que se aprecia muy bien en la película que dejaré a continuación.
Las adaptaciones, que son espacios dramáticos con vida propia, también son interesantes porque permiten llegar a públicos más amplios, pues tienen en cuenta los gustos, los deseos y las preocupaciones del espectador, así que lo considerado «obsoleto» queda fuera. Y ni qué decir en relación al lenguaje, que suele actualizarse al habla contemporánea. ¡Qué serían de las obras de Tirso, Calderón, Góngora…, por ejemplo, si los ajustes mantuvieran el castellano típico de la literatura barroca!
Las adaptaciones de Los crímenes de la calle Morgue son presentaciones «vivas» y hay que disfrutarlas como lo que son: traslaciones que muestran los intereses de quienes se inspiraron en la obra de Edgar Allan Poe y que responden a las preferencias de un público determinado.

Cartel de la película, 1932.
Doble crimen en la calle Morgue fue llevada al teatro por Radio Televisión Española en 1977. La puesta está dirigida por Manuel Ripoll y guionizada por Alfredo Baño. Es una adaptación que discurre por los cauces del relato de Edgar Allan Poe, pero al estar tan condicionada por la austeridad, típica del teatro español de entonces, no consigue acercarnos a la urbanidad parisina; y esto es relevante porque esa locación fue escogida por el autor, como he señalado arriba, por ser ejemplo de lo que la modernidad industrializada hurtó a la humanidad.
Doble asesinato en la calle Morgue fue llevada al cine por Robert Florey en 1932 y está guionizada por John Huston, Dale van Every y el director de la cinta. Esta película norteamericana, cuya fotografía y cuyo decorado expresionista son dignos de mención, muestra una historia que nada tiene que ver con el original. Sin embargo, recrea el París de mediados del siglo XIX, con sus eventos feriales, tan aclamados, con sus callejuelas peligrosas, con sus bulevares concurridos, con sus gentes trajeadas a la moda, con su…
Doble asesinato en la calle Morgue expone un asunto de hondo calado: la destrucción de la vida humana —destrucción de la individualidad— en aras del progreso. Es una película que nos hace reflexionar sobre el papel de la moral y el papel de las ciencias en la sociedad moderna. ¡Ah…!, casi lo olvido, Bèla Lugosi, actor que dio fama al conde Drácula, es el doctor Mirakle.
Lector, comenzaremos por la película, joya del cine de culto, y luego daremos paso a la representación teatral, donde, como he señalado, el argumento del relato de Poe es respetado.
Espectador, apaga el móvil: ¡comienza la función, hija de la fusión de las letras con el espectáculo!

¿Me dejas un comentario? Los comentarios me ayudan a posicionar este artículo en Google. Gracias.
CINE
DOBLE ASESINATO EN LA CALLE MORGUE
TEATRO
DOBLE CRIMEN EN LA CALLE MORGUE

ENLACES RELACIONADOS
Arte y cine expresionista: la buena hermandad.
Baudelaire y «Las flores del mal». Poemas.
Lo cómico y la caricatura (Baudelaire).
Una fantasía del doctor Ox (Julio Verne).
El vampiro en la historia del arte y de la literatura.
El género policíaco (Manuel Díaz Martínez).
Expresionismo alemán. Pintura y poemas.
Gabriele Münter: el expresionismo esperanzador.
El gabinete del doctor Caligari: expresionismo y cine. Película.
Otto Dix. Tríptico de la gran ciudad. EL tríptico profano.
El espíritu de la Ilustración (Tzvetan Todorov).
Alejandro de Humboldt y la Ilustración (I).
Alejandro de Humboldt y la Ilustración (II).
Renoir y Maupassant a la orilla del Sena.
El relato de John Smith (Arthur Conan Doyle).
Victor Hugo. Poemas de amor.
El vampiro en la historia del arte y de la literatura.
Penas de amor de una gata inglesa (Balzac).
Poemas (John Keats).
Marceline Desbordes-Valmore. Poemas.
Henri Rousseau, el Aduanero. Pintura naíf.
«Lo oculto»: esoterismo en las obras del Thyssen.
Paul Delvaux y sus «mujeres». Pintura.
Memorias de una suegra. George Robert Sims.
Asesinato en la catedral (Edmund Crispin).
Más trabajo para el enterrador (Margery Allingham).
El párroco de Vejlby (Steen Steensen Blicher).
La máscara robada (Wilkie Collins).
Una azotea para Alejandro (A. González Croissier).
Tres crímenes rituales (Marcel Jouhandeau).
Rocambole (Pierre A. Ponson de Terrail).
«En la niebla» (Richard Harding Davis).
El diablo enamorado (Jacques Cazotte).
Las hadas en la literatura y en el arte.
Fin de la partida (Samuel Beckett). Teatro del Absurdo. Puesta en escena.
Retrato de un asesino. Crimen en Navidad (Anne Meredith).
La entrada Los crímenes de la calle Morgue: película y obra de teatro. se publicó primero en El Copo y la Rueca.
