Esclavos de la Red
¿Quién quiere leer acerca de técnicos que son explotados en sus empleos? Nadie, al parecer, y menos cuando todo el asunto se presenta en el estallido de la burbuja especulativa de las empresas punto com (1995-2000). Algo nació ahí, no sólo la Web 2.0 (Youtube, Facebook, Blogger, Twitter, derivaron de los chat-rooms y los navegadores de gráficos enriquecidos con video y datos desarrollados para la conexión de banda ancha): La generalización de la explotación laboral bajo los parámetros de una "nueva" economía: La fibra oscura que une los intereses capitalistas alrededor del mundo al alcance de la mano (convenientemente, el gobierno de Calderón privatizó los hilos de la CFE en 2010). El fracaso de la red no sólo es financiero: Mucha gente cree sinceramente que Internet sólo se trata de un mar de pornografía con algunos islotes de páginas desarrolladas por inadaptados.
● Si hubiera leído este libro antes, jamás me habría involucrado con lasfalsas promesas de AdSense (he dedicado demasiado tiempo a escribir para Internet porque necesito expresarme, continúo haciéndolo porque hay algo lúdico en la publicación inmediata y me permite aprovechar lo que sé). Los autores pretenden homenajear al clásico de Studs Terkel, Working. Los testimonios de explotación laboral que se presentan corresponden a personas que jamás aparecerán en las revistas y Upside.
● La secuencia final deThe wild bunch, western rodado en 1969, representa tanto para los cinéfilos de la industria de la alta tecnología como la sangrienta secuencia final de Taxi Driver lo fue para toda una generación (el loco que intentó matar a Reagan adujo razones de amor por Judie Foster).
Si el amable lector se anima, encontrará un texto de gran valor civil, duro, con testimonios que vienen desde las tripas del monstruo capitalista por antonomasia, cuyo símbolo más representativo es el piso de remates de la bolsa de valores: Estados Unidos de América. Con demasiada frecuencia olvidamos que Internet es gringo y la extraordinaria cantidad de información de todo el mundo que se guarda en sus servidores (recordarán el cablegate que desnudó a la diplomacia estadunidense en WikiLeaks).
Esclavos de la Red no es una novela cyberpunk, pero se le queda cerca: La verdad es mucho más afiebrada que la ficción, y aquí algunos personajes reaparecen, cerca o lejos, en diferentes historias, junto con las empresas del mundillo Internet, encadenando los argumentos y reforzando la gravedad de los testimonios de explotación laboral y falsas promesas de riqueza material: El sueño americano vuelto una pesadilla.
Soy un topo
De acuerdo al Sistema de Castas de los Nuevos Medios, yo vendría siendo un "topo" porque: Considero que es divertido actualizar mi sitio web, disfruto descargando cantidades ingentes de información, y me he tomado la molestia de crear mi página web en Tripod y he jugado con la idea de tener mi propia estación de radio por Internet y una tienda de material de contenido adulto para allegarme algunos ingresos.
● El periodista Howard Rheingold dejó la casta de los "trabajadores sociales", publicó los librosVirtual Reality y The Cognitive Connection y llegó hasta asesorar al Congreso de Estados Unidos en el tema de los nuevos medios.
● La única vez que trabajé como "parrillero" fue para un contratista de una subsidiaria del Grupo Alfa: Nos dijeron que había que revisar los programas de embarque porque los inventarios eran inconsistentes. Aunque hicimos algunas correcciones
al código de las rutinas en Lenguaje C que encontramos en los servidores HP, nunca hallamos la fuente de tantos males, probablemente porque no estaban en los sistemas, sino entre el propio personal y los administradores, pues los empleados no se creían
que la empresa no reportara utilidades si toda la producción de varilla y alambrón se embarcaba diario tres turnos. A la larga, la empresa fue adquirida por un consorcio acerero argentino. Los "parrilleros" tienen cierta afición secreta por la literatura
y muchos de ellos inclusive son expertos en Letras.
Yo soy Duke Speaks - "Los topos, a diferencia de los trabajadores de la web, realizan toda su actividad en línea por razones sobre todo personales, políticas, o por pasatiempo.
A diferencia de los consumidores pasivos en línea, los millones de topos industriosos que habitan la Red producen contenido, mucho contenido, tanto que se ha creado una infraestructura de albergue masivo para permitir eregir, modificar y promover sus telenovelas virtuales". (p. 235).
Outis, un don nadie que vive en una ciudad pequeña y deprimida, escribió
aves incendiándose en el cielo,
los perros del Infierno sueltos...
Hogar, dulce hogar. (p. 246)
"¿El presidente ejecutivo de la web es equivalente al capitán Ahab, que está dispuesto a sacrificar a toda su tripulación en su persecución loca de la ballena blanca electrónica?". (p. 253) Así es, parece que el fenómeno de Bill Gates no es reproducible en sí mismo, pues su éxito dependió de muchos factores, incluyendo el azar.
La historia de Matt Swift
Este es un gran juego de astucia: El método de reclutamiento de Aggro Software, pues cuando ya no crees que te llamarán, te envían los boletos de avión para una serie de entrevistas en sus instalaciones estilo campus. Aunque todos los nombres de las personas y de las empresas han sido cambiados, no es difícil imaginar por qué este libro-reportaje batalló mucho para ser publicado: No son muchas las empresas de software que han sido demandadas por el gobierno de Estados Unidos bajo el cargo de actividades monopólicas. Yo no hablo de mi empleador.
Mi propio testimonio
Durante 20 largos meses yo fui Líder de Proyecto en La cocina del Infierno. Desde el principio me di cuenta de todo, pero acepté teniendo en mente que sería temporal (sin embargo, cuando me enteré que el capataz golpeó a un jefe de turno me pareció inadmisible). Por desgracia, la Sección de Empleos de El Sol de Puebla estuvo raquítica en enero de 2007 y yo tenía que pagar la renta y comer. A mi salida, en septiembre de 2008, la Crisis SubPrime me pegó de frente.
Bill Lessard, Steve Baldwin,Esclavos de la Red. Trad. Iván Martínez Rojas. McGraw-Hill. México (2000). 254 pp.
