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Los ojos de Tiffany (Capítulo 3/7 - Jacob)

Publicado el 30 marzo 2020 por Ricardo Zamorano Valverde @Rizaval

Amistad... Traición... Violencia...

Leer el capítulo 2Capítulo 3JacobLa camarera, con torpe ademán, dejó en la mesa el vaso y la botellita de Fanta que había pedido Novoa y recogió el vaso y la botellita vacías. Entonces, justo cuando se giraba para volver a la barra, Novoa la sostuvo del brazo. Jacob seguía en su mundo.—Oye, preciosa, ¿hasta cuándo has dicho que ibas a estar sustituyendo a Sara? Novoa dio una calada al cigarrillo y le soltó el humo en la cara. La joven, de no más de veinte años, tosió; parecía asustada.—Hasta que se recupere de la operación, señor —dijo vacilante.Novoa suspiró consternado, haciendo bailar los pelos del bigote.—Entonces te enseñaré cómo me gusta que me atiendan y sirvan; me vas a ver todos los días que estés aquí, ¿sabes?, así que atiende, porque no me gusta repetir las cosas ciento de veces. —Volvió absorber un poco más de nicotina—. Para empezar, cuando me veas entrar por esa puerta, ya debes preparar mi Fanta. No esperes a que te la pida, no. La preparas y me la traes. Y con preparar me refiero a que quiero que seas tú quien llene el vaso: para eso te pagan, y para eso te dejo propina. Para terminar, cuando veas que mi vaso está vacío, no esperes a que yo te llame, como ahora. Preparas otra Fanta, vienes, la dejas en la mesa, te llevas el vaso vacío y todos contentos, ¿de acuerdo? La joven camarera miró con ojos desorbitados a Jacob, pero este no daba señales de haber escuchado una mierda de lo que había dicho su compañero. A continuación volteó la cabeza hacia la barra, en busca de ayuda, pero nadie les prestaba atención. —¿De acuerdo? —repitió Novoa moviendo el brazo de la chica para enfatizar su pregunta. —S-Sí —logró decir al fin—.Va-Vale.En cuanto se vio liberada del yugo de la mano de Novoa, se encaminó a paso ligero hacia la barra. Novoa la contempló alejarse con expresión desolada. Esa chica no volvería mañana, y tendría que volver a explicarle todo aquello a otra sustituta. Negando con la cabeza, se dispuso a echarse él mismo, por segunda vez en la noche, la naranja en el vaso, pero entonces vio a Jacob y lo que les había contado Río antes de irse volvió a ocupar todos sus pensamientos, los cuales se habían desviado durante unos instantes hacia el tema de la camarera. Novoa no había estudiado: dejó las clases a los once años para dedicar toda su atención a las drogas y, sobre todo, al alcohol. Este le destrozó el hígado y tuvo que ser trasplantado después de un largo y agónico periodo de espera. De modo que lo único que había leído en su juventud fueron las etiquetas de las botellas que contenían líquidos tóxicos, pero no era tonto. Sabía sumar dos y dos, al menos hasta ahí llegaba, y sabía lo que se cruzaba por la mente de su compañero. Mientras llenaba el vaso y daba una última calada al cigarrillo, le preguntó:—¿Cómo ha dicho Río que se llamaba el marido de esa mujer?Jacob parpadeó y clavó los ojos en los de Novoa. Permaneció en silencio.—¿Santiago? —inquirió Novoa. Jacob pegó un buen trago a su ron con cola. —Dime —habló por fin, no sin antes aclararse la voz—. Antes, cuando me has llamado, dijiste que justo cuando ibas a salir del coche para llevar a cabo el trabajo viste a un hombre acercarse a mi casa, y que tuviste que volver al coche. —Novoa asintió con un gesto de la cabeza, y bebió de su vaso—. ¿No le viste la cara? —No. Yo estaba lejos, y el tío cruzó la calle en dirección a la casa por la acera en la que yo estaba aparcado. Solo vi su espalda mientras cruzaba, y cuando salió de la casa se alejó por la otra acera. Pero había algo en él que me resultaba familiar. Se llevó el vaso a la boca de nuevo, sin dejar de mirar a Jacob. Luego encendió otro cigarro.Jacob miró a otro lado, pensativo. —Te llamas Santiago, ¿verdad? Ese es tu nombre real —preguntó Novoa de repente, oculto tras el humo.Jacob volvió a mirarle.—Sí, es una variante.—Lo sé. ¿Crees que él lo sabe? ¿Habrá visto alguna foto tuya en la casa?—No creo. La muy zorra las quitó todas hace tiempo. Todas en las que salía yo, claro. Llevo semanas sin dormir allí. He alquilado un pequeño piso en el centro. Ruido y contaminación, vaya puta mierda. Y mientras tanto, la muy zorra allí, alejada de todo, durmiendo en silencio y con la calefacción que yo pago a tope en invierno, joder. —¿Por qué no os divorciáis? —¿Y que se quede con mi coche también? Por no hablar que la casa terminaría siendo suya definitivamente.—¿Y ella qué opina?—¿Ella? —Jacob levantó el labio superior y mostró los dientes, igual que un perro a punto de atacar. Antes de continuar dio un buen trago—. Ella disfruta como una jodida niña. Prefiere que yo sepa que con un juicio puedo quedarme sin nada, y me controla de este modo. Novoa silbó.—Sí es zorra, sí. No me dijiste nada de esto cuando me contrataste para matarla. Solo me confesaste que tú no eras capaz, pero viendo lo que te está haciendo…—Llevamos juntos desde los quince años. Hay cosas que un hombre no puede hacer por sí solo, por mucho que las desee. —Entonces, ¿qué? —preguntó finalmente Novoa, aunque ya sospechaba la respuesta. Jacob resopló y tardó en responder.—Hay que matar a Río. Novoa asintió y después dio un último trago a su Fanta Naranja servida por sí mismo. También aplastó el cigarrillo contra el cementerio que había en el cenicero.—¿Quieres que lo haga yo? —¿Por qué te ofreces? —inquirió Jacob frunciendo el ceño.Novoa se encogió de hombros.—Bueno, digamos que Río nunca me cayó bien. ¿Sabes que quería tirarte a la cuneta como un perro el día que te dispararon? Además, así me gano un dinerillo extra; no pienses que lo voy a hacer gratis. —Vale, hazlo —dijo Jacob tras reflexionar unos segundos—. Luego ve a mi casa. Te estaré esperando con ella; no soy capaz de hacerlo, pero sí de verlo. Necesito saber cómo averiguó que quería matarla. Ese debe ser el motivo de que contratara a Río; es una zorra pero no una asesina. Solo el saber que su vida está en peligro es el único motivo que la pudo llevar a ello. No hay nada que ame más que su vida. Pero ¿cómo se dio cuenta de ello?Justo cuando Novoa se levantaba para ir en busca de Río, este irrumpió en el bar dando tumbos. —La botella, chicos. —Se había bebido media botella de Jack Daniel’s, sin embargo, Río tenía un aguante admirable; se tambaleba ligeramente, pero no arrastraba las palabras—. Vaya cabeza la mía. Esa mujer no me deja pensar en otra cosa. Al mismo tiempo, las cabezas de Jacob y Novoa giraron hacia la botella medio llena de whisky que había sobre la mesa y que a ambos les había pasado desapercibida. Todas las noches, Río hacía lo mismo. Compraba la botella entera. ¿Para qué andar perdiendo el tiempo pidiendo cada dos por tres que le rellenen el vaso?, decía. Así que la compraba y así la tenía siempre a mano. Se bebía la mitad, y se la llevaba a su casa para beberse la otra mitad allí. Conducir borracho era una irresponsabilidad; conducir medio borracho más seguro. Entró decidido, con paso resuelto aunque un tanto oscilante hacia la mesa donde sus dos compañeros y amigos lo miraban pálidos y con las pupilas contraídas. En cuanto los alcanzó, se detuvo. Les dirigió una mirada escrutadora, una de esas suyas que parecían leer todos tus secretos. Luego entrecerró los ojos y se desternilló mostrando sus dientes de caballo. —Vaya dos —dijo entre carcajada y carcajada—. Ni que hubierais visto a la pasma.Cogió la botella sin más y se despidió de ellos con un «Mañana nos vemos» sin dejar de reír. Jacob le hizo una seña a Novoa con la barbilla, y este salió del bar tras Río.

Los ojos de Tiffany (Capítulo 3/7 - Jacob)

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