Revista Diario

Los trapitos sucios los lavamos en casa

Publicado el 21 abril 2026 por Kanguro19
Los trapitos sucios los lavamos en casa

Hoy, 21 de abril, hace un año del fallecimiento del Papa Francisco. Iba a escribir sobre él, sobre su pontificado, pero no, aunque sí. Es que al solo comenzar a leer algunas entrevistas (Argentinas) caigo en la cuenta que, además de ser Argentino, el Sumo Pontífice fue [y es] un claro reflejo de la Argentina. Me apresuro a pensar que, ahora si a nivel internacional, el Card. Bergoglio generó una grieta en la Iglesia, pero rápida e irresponsablemente caigo en la cuenta que “La Grieta” no es tal, o si, pero no como un hecho aislado, representa una larga tradición de mi País.

La historia del “Fin del Mundo” esta atravesada por esa constante. Desde los promonárquicos y antimonárquicos, pasando por federales y unitarios, conservadores y progresistas, radicales y peronistas, militares y democráticos, hasta kirchneristas y no kirchneristas… nuestra historia es una sucesión de tensiones.

Viendo, leyendo y escuchando sobre Francisco no puedo no verme en el espejo y apreciar el reflejo de nuestra Argentina. Su pontificado, uno de los más influyentes [para algunos] y discutidos y cuestionados [por otros] de la Iglesia contemporánea, parece reproducir ese ADN argentino que genera adhesión y rechazo casi en partes iguales.

Para algunos, es el Papa de la cercanía, de la misericordia, de una Iglesia más humana. El que puso sobre la mesa la pobreza, la desigualdad y el cuidado del ambiente. El que abrió debates incómodos y necesarios.

Para otros, es un líder ambiguo, con definiciones poco claras, con gestos que se leen más políticos que pastorales. Un Papa que no termina de ordenar (y dominar) lo doctrinal y que, incluso, divide hacia adentro de la propia Iglesia.

Entiendo que el mundo entero puede juzgarlo, obvio que están en su derecho, pero, y aquí esta la cuestión, al no dejar de ser argentino es para nosotros  un vecino más, lo mismo hacemos con Messi, Colapinto, en otros tiempos, pero siempre actual, con Maradona, y nos permitimos decir lo que se nos plazca, a veces con fundamentos y otras sin el menor reparo de nada. Así, el dicho “nadie es profeta en su tierra” cobra valor salvo…

Salvo que venga un extranjero, o estando nosotros en suelo extranjero, y nos critiquen alguno de nuestros personajes. Ahí se forman filas y en un scrum [aún individual] empujamos hacia adelante. Porque ahí dejamos de ser un individuo para convertirnos en una masa indomable, repudiable, irrespetuosa, cariñosa, atractiva que no responde a clases sociales. Se “futboliza” todo, aún aquellos a los que no les gusta el futbol [como a mí] lo llevamos a esos términos y erigimos una defensa implacable del “coterráneo”.

Y a pesar que existan algunos que intenten moderarse basta con ir a una final del Campeonato Argentino Abierto de Polo, deporte top top si los hay, ver una final de La Dolfina contra Indios Chapaleofú (en otros tiempos), si hasta la barra brava de Nueva Chicago pobló las tribunas de la Cancha 1 del Campo Argentino de Polo, uno de los ambientes más High Society de nuestro país [y el mundo].

Esa irrefrenable esencia argentina que hace que, dentro de nuestras fronteras, en el asado del domingo, algunos digan barbaridades irreproducibles sobre sus compatriotas triunfantes para luego, aunque le pese, le duela, no se lo crea, argumentar fervientemente en su defensa.

El Card. Jorge Mario Bergoglio no esta exento de esa realidad y, aunque, personalmente, me encuentre del otro lado de la grieta, fue un argentino que ostentó un trono al que muchos aspiran y no alcanzan, un trono al que solo se accede por designio divino. En el fondo, discutir al Papa argentino es otra forma de seguir discutiendo qué país somos. Pero como dice otro dicho “los trapitos sucios los lavamos en casa”.


Volver a la Portada de Logo Paperblog

Revistas