Nadie se quedaba.
Revista Talentos
Paula volvió a pasar por allí, pero esta vez se quedó un rato. Acababa de decidir que le gustaba la vieja estación abandonada. Podría pasar noches enteras allí, en penumbra, viendo cómo los trenes desfilaban sin pararse. Así se sentía. Todo el mundo pasaba por su vida.
Nadie se quedaba.
Nadie se quedaba.
