Revista Talentos

Louis

Publicado el 28 octubre 2013 por Orperedas
Louis

Guitarra en mano, paso decidido, mirada de vencedor y un sueño en el alma repetido más de cien veces, lo hacían notarse entre los demás peatones que pasaban a su lado, esquivándolo, en la ruidosa Calzada Roosevelt de la ciudad de Guatemala; aunque poco importaba pues nadie advertía su presencia, como no fuera para esquivarlo.

Llegó a la esquina y entró a un estacionamiento, caminó unos metros y se detuvo frente a un sedán blanco. Abrió la portezuela del conductor y se introdujo en el vehículo. Colocó la guitarra en el asiento del copiloto, introdujo la llave en la ignición, girándola encendió el motor y se puso en marcha.

Pasó frente a la misma acera en la que caminara momentos antes, ahora dentro del automóvil, que parecía darle otra dimensión, una curiosa notoriedad, que lo convertía en una especie de salvavidas de peatones apurados.

Una mano de mujer le llamó desde la acera, justo a mi lado, un momento antes de que yo lo hiciera, y él detuvo el vehículo frente a los dos. Ella se acercó a la ventanilla del copiloto; intercambiaron miradas, gestos, ademanes y palabras; unos instantes después ella dio dos pasos hacia atrás y giró la cabeza en señal de desacuerdo. "Esta es mi ocasión", pensé, y me acerqué repitiendo la señal para que el taxista no se marchara.

Repetimos la escena anterior y al decirme el precio del recorrido me pareció lo justo, por lo que me introduje al auto por la portezuela derecha de pasajeros.

Una vez que el vehículo estuvo en marcha el conductor me dijo:

Le dije a la señora que me paró antes que usted que tenía un compromiso y no podía llevarla tan lejos. Yo lo vi cuando me llamó y decidí llevarlo a usted.

Por mi cabeza pasaron toda suerte de ideas, algunas bastante inquietantes, mas, supongo que advirtió por el retrovisor la expresión de incertidumbre en mi rostro porque en seguida aclaró:

Vi el estuche de su guitarra, su vestimenta y que tiene el pelo largo y, pensé que podríamos conversar durante el trayecto. Yo soy cantante; bueno, me gustaría serlo; por eso siempre traigo mi guitarra acá en el taxi.

Al hablar de su guitarra sonrió orgulloso y dio, con su mano derecha extendida, dos golpecitos sobre el costado del instrumento, como quien da dos palmadas en el hombro de su mejor amigo.

Luego me contó que a los veinte años cantaba en un grupo que de vez en cuando tocaba en algún restaurante o bar, pero que eran tan pocas las ocasiones en las que tenían presentaciones que cada uno decidió ocuparse en otros oficios para poder pagar las facturas a fin de mes.

Mientras él conducía por las calles de La Florida me preguntó si regresaba de alguna tocada, le respondí que sí; esa tarde había cantado junto a dos buenos amigos en la plaza del centro comercial Peri-Roosevelt, cercano al lugar donde abordé el taxi.

A cada comentario e historia que me contaba, yo iba asociándolo cada vez más al simpático personaje del que habla Franco De Vita en su canción Luis, ese taxista que soñaba con cantar sobre grandes escenarios, cautivando multitudes, escribiendo y cantando canciones para enamorar a una y a todas las mujeres.

Pero también me vi a mí mismo reflejado en ese soñador, y en el propio Luis; yo, un aprendiz de juglar y trovador urbano que deseaba conquistar al mundo con una guitarra en la mano y en el pecho una canción.

Luego de un par de instrucciones que guiaron a "Luois", así se me antoja llamarlo (ya no recuerdo su nombre), llegamos al frente de mi casa. Pagué el importe acordado, estreché su mano y con una mirada de complicidad, como quien se despide de un colega y buen amigo, descendí del automóvil. Él buscó la siguiente esquina y desapareció. No volví a verlo.

La asociación de su historia, o talvez la mía, con la del ya legendario Louis, de Franco De Vita grabó más profundamente esa canción en mi vida.

Louis

Louis, forma parte del tercer álbum de estudio de Franco De Vita, titulado Al norte del sur. Este disco fue grabado entre Caracas y Miami, bajo el sello Sonográfica, en coproducción con CBS (hoy Sony Music). Lanzado al mercado en 1988 en formato LP, con un total de once canciones, cinco en la cara A y seis en la B. Esta canción aparece como la segunda pieza de la cara A.

Esta producción se cuenta como una de las más exitosas de la carrera de Franco De Vita, llegando a vender poco más de 1.000.000 de copias en la época de su lanzamiento, además de abrirle las puertas del mercado internacional, no solo por la calidad de sus canciones sino también por el importante apoyo recibido de CBS.

Aunque yo nunca fui ni podré ser taxista, sí fui, por algún tiempo, músico y cantante. Deambulé durante cinco años por las calles, plazas y algunos teatros de Guatemala, cantando en solitario y en ocasiones acompañado por uno o más amigos, soñadores como yo.

Ahora vamos a darle una nueva oportunidad a este sueño de convertirse en realidad, y vamos a sentarnos frente al volante de un automóvil para transitar por las calles de Guatemala, Caracas, Buenos Aires, Madrid o cualquier otra ciudad del planeta, en la que en este preciso instante un soñador de pelo largo, detenido ante la efímera luz roja de un semáforo, canta para sí y para su público (el pasajero de turno) una y todas las canciones del mundo, acompañado por su guitarra.


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