Bibliometro #86. En mi noble misión de ir conociendo y descubriendo literatura japonesa, con intenciones tanto de satisfacer la mera curiosidad como de llevar a cabo cierta desmitificación de ciertas idealistas nociones de calidad esencialistas, cada vez que me encuentre con algún libro nipón me lo traeré para la casa, y como la web de Bibliometro y sus recomendaciones parece que me conocen bastante bien, siempre surgen títulos que lucen, a priori, la mar de interesantes. Uno de esos títulos es Luna llena, de Aki Shimazaki, escritora japonesa que, sin embargo, lleva más de cuarenta años residiendo en Canadá, creo que asentándose definitivamente en Montreal no mucho después de arribar a dicho país, y que escribe y publica en francés, incluso aunque, como se vea, sus historias sean japonesas, con personajes japoneses en ciudades y pueblos japoneses. Otro dato curioso es que Shimazaki escribe/publica en pentalogías. Ya lleva tres completas y de momento va completado la cuarta, de la que Luna llena, según la solapa de este libro, es la primera entrega.
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Podemos inferir que el estilo de Aki Shimazaki es minimalista, intimista y de un modesto, cotidiano lirismo, el lirismo de la contemplación. La suya es una prosa pausada pero no alargada ni alambicada, es descriptiva pero no simplista, es sencilla y en general de un fraseo corto, escueto, conciso, pero para nada superficial ni fugaz. Es un drama bastante serio pero narrado con un tono no poco jocoso ni ligero.Narrada en primera persona por un anciano jubilado residente en un asilo de ancianos, Luna llena (aunque su título original, semi, quiere decir "cigarra", lo que me ha traído recuerdos de La cigarra del octavo día, de Mitsuyo Kakuta, comentada por acá, cuyo título original, Yokame no semi, es un tipo específico de cigarra, criaturas con toda una interesante mitología y alegorías: parece que cada cigarra se corresponde con una forma de ser o de pensar o de sentir) nos cuenta las peripecias del protagonista luego de que su esposa, enferma de Alzheimer, finalmente ya no lo reconoce como su esposo ni recuerda nada de su matrimonio de más de cincuenta años, aunque, pequeño alivio, sí lo recuerda como su "joven novio". Este desajuste temporal en la mente de la esposa trae consigo una serie de, en fin, eventos que van de lo meramente administrativo hasta algunos algo más importantes, en tanto, se sabe, las personas aquejadas de dicho mal a veces pueden, mientras olvidan casi todo, recordar memorias imposibles, que es lo que sucede con la señora: se le mete en la cabeza que le debe devolver un dinero a cierto señor, y como al protagonista le aconsejaron no contradecir a su esposa, so peligro de agravar su enfermedad, le sigue un juego que lo llevará a revisitar y revivir tiempos pasados, y a descubrir verdades impensadas que pondrán patas arriba su versión, su visión, su perspectiva de la vida que ha tenido con su esposa, de la esposa y también de sí mismo. Supongo que por aquí viene furtivamente inserta la reflexión sobre quiénes somos y cómo saber quiénes o qué somos, si nuestras identidades se conforman desde nosotros mismos o moldeándose a través del contacto, a través del tiempo, con otras personas. Aunque bueno, la vida nunca es la misma para dos personas aunque hayan vivido juntas medio siglo; los hechos pueden variar de tono y cariz según quien lo mire, quien lo recuerde. Lo cierto es que el eje central de esta novela vendría siendo este "misterio" que el protagonista, involuntario detective de la memoria, se ve impelido a resolver, ni siquiera porque quiera sino porque de esta forma no va a perturbar la velada mente de su amada esposa. Lo que hacemos por amor, ¿no?, ahí hay otra linda reflexión/tema/tópico: el amor y los lazos; los afectos como lo más genuino, real y auténtico de las relaciones humanas, más que la carne y la sangre.A pesar de lo duro que puede ser el tema del Alzheimer, Luna llena es una novela que evita a toda costa el tono o atmósfera de pena, de manipuladora tristeza, de sensiblería barata (me imagino esta misma novela en manos de Kyoichi Katayama, el de la recientemente comentada Un grito de amor desde el centro del mundo, y uff, me estremezco). La autora está por encima de esos efectismos emocionales, porque lo que le interesa es otra cosa, lo que hemos venido diciendo arriba. Aunque claro, el ejercicio de la memoria y de los recuerdos trae su cuota de nostalgia al ambiente, la melancolía propia del tiempo perdido (ya sea porque pasó, ya sea porque, literalmente, se perdió de su "contenedor"), y claro, también es una forma de mostrarnos cómo se lidia con personas con un Alzheimer que avanza implacablemente (sin tampoco un dejo pedagógico ni condescendiente), pero el tono de esta novela es agradablemente, no lo sé, cotidiano, sencillo: la resolución del misterio del pasado, con sus entretenidas etapas detectivescas, y esta nueva cotidianidad a la que el protagonista, la familia y las amistades deben habituarse para contener el Alzheimer de la esposa. Me imagino esta historia siendo dirigida por Maite Alberdi (una mezcla de "La memoria infinita" y "El agente topo"), quizás les sirva para ilustrar o imaginar un poco lo que digo.Como sea, Luna llena es una novela bien bonita, honesta, se lee en un hondo y reposado suspiro. Tiene un cuidado entramado de personajes bien construidos y perfilados (incluso aunque no aparezcan mucho) y de una coherente backstory familiar cuya solidez, aunque la novela en sí no sea muy narrativamente compleja que digamos, se nota y se hace presente en cada página porque cada escena destila una naturalidad y familiaridad innegables, como si viniéramos leyendo una saga de años, a través de la cual la trama circula con esa agilidad y fluidez narrativa ya descrita.
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Este ejemplar ha estado en las redes bibliometrinas menos de un año, dos tercios de año, unos ocho o nueve meses, y miren cuántos préstamos lleva en todo este tiempo: ocho, casi una por mes. Un libro muy especial, sin duda. Imaginen tener que devolverlo un 32 de julio del 2024... Yo lo devolveré el 30 de febrero.
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