Manzanas podridas

Publicado el 15 abril 2014 por Jcbarona

Reaccioné bien en medio de todo al grave inconveniente de serme sustraído hace un par de días el último móvil que compré por internet. Un teléfono chino marca Zopo que resultó mas caro de lo previsto, pues me cobraron noventa y ocho euros extra al pasar por la aduana (ojo con eso), y peor de lo esperado, aunque nunca tan malo como para dejármelo robar.

Me andaban dando envidia esos teléfonos tan grandes con los que navegar mejor por internet, para leer este mismo blog por ejemplo, y las fotos con ese brillo y esa calidad de los Samsung y los Sony. Me niego al monopolio como concepto, es una tiranía. Yo soy de Apple mientras no surja algo mejor. Tenía pendiente contar aquí cómo se rompió la disquetera de mi penúltimo sobremesa y el disco duro interno hasta en dos ocasiones… y la batería del portátil de la misma marca por partida doble también. Un timo en toda regla. No puedo soportar el férreo vínculo que Apple impone respecto de sus programas a la hora de usar sus dispositivos, como ocurre entre el itunes y el iphone…, el inconveniente de que no lean flash, ni tengan un bluetooth universal, ni acceso a la batería o las tripas del terminal… En fin, nada es perfecto aunque te lo cobren como tal.


Así que seguí el consejo de mis hijos que usan dispositivos Android y encontramos una alternativa a las grandes marcas en un teléfono chino. El sistema operativo Android no es en absoluto peor que el iOS de Apple, tiene el handicap de ser mucho mas abierto y sufrir el tener que funcionar en aparatos y marcas tan diversas que lo hacen ligeramente inestable. El terminal en sí no podía con juegos muy grandes, ni sonaba lo bastante a través de los auriculares con ruido exterior y alguna cosa más que ahora no recuerdo pero que impedían que me sintiera verdaderamente satisfecho.En esta cruzada personal de extraer lo positivo de las cosas que ocurren. Quiero haceros reflexionar sobre el hecho de que cuando uno sale a la calle hay mala gente que sale también a tu encuentro seguros de dar contigo si no eres lo bastante cuidadoso, amigo mío. Debo haber perdido la costumbre de copear; el viernes pasado nos ausentamos un momento del garito en el que estábamos y cuando volvimos las copas que dejamos en el mostrador de guardarropía habían encontrado mejor dueño. En uno de los tumultos de bajada al local el tío que salió esa noche en busca de mi teléfono lo encontró con facilidad. Se conoce que no se puede estar tan contento, tan despreocupadamente feliz sin que a alguno o a muchos les moleste.
Este es mi consejo, guarda tus objetos de valor, la cartera y el móvil, en un bolsillo cerrado del que nunca te alejes. Nadie esta exento de disgustos o imprevistos, pero las más de las veces duele más el descuido y la propia negligencia que el hurto en sí. A veces pasa lo que uno pide a gritos que pase. Que no sea tu caso. Desde luego no tan a menudo como me viene ocurriendo a mí.