Revista Talentos
Prohibida la entrada a gente egoísta, rezaba el cartel que el mendigo enseñaba en el atrio de la iglesia. Los parroquianos, por aquello de hacerse con méritos que adornaran su palmarés, eran generosos con el indigente, que no cesaba de agradecérselo con entusiasmo. "Dios les premiará como se merecen", decía.
