Los besos se cansaron de esperarnos, gravitan por esos rincones donde las escobas de algunas atolondradas brujas han barrido deseos y vanas ilusiones.Sin contar con el azar, que es tan volátil como el destino y la felicidad, y que se empeñó más de una vez en ponernos la zancadilla.Deambulamos hoy por esas ciudades empedradas tal vez sin rumbo, pero sin prisas. La serenidad de la luna y el viejo sol que quema la entraña son testigos fieles de las arrugas de lo que fue más que un deseo.Pedalean las ganas de verte y de coger la aspiradora (es más moderno… e igual llego más aprisa).Con 30º en el cuerpo, es difícil resistirse a cualquier locura, y besar tu boca siempre ha sido el más dulce baile que mi paladar ha vivido.El asfalto nos quema los pies y urde en las cicatrices, ésas que ya ni nos importan, o que ya nos acostumbramos a besar. Ni tú ni yo hemos sabido nunca a qué sabía mañana, solíamos saborear las corcheas de un adagio que se contentaba con vernos a tropezones destilando presentes.Ausencias, desencuentros, trenes perdidos, pero ninguna espera.Sólo esa promesa de ser tú y yo por encima de un nosotros y más allá del jodido tiempo. Revista Diario
Más allá
Publicado el 18 junio 2013 por Evamric2012
Los besos se cansaron de esperarnos, gravitan por esos rincones donde las escobas de algunas atolondradas brujas han barrido deseos y vanas ilusiones.Sin contar con el azar, que es tan volátil como el destino y la felicidad, y que se empeñó más de una vez en ponernos la zancadilla.Deambulamos hoy por esas ciudades empedradas tal vez sin rumbo, pero sin prisas. La serenidad de la luna y el viejo sol que quema la entraña son testigos fieles de las arrugas de lo que fue más que un deseo.Pedalean las ganas de verte y de coger la aspiradora (es más moderno… e igual llego más aprisa).Con 30º en el cuerpo, es difícil resistirse a cualquier locura, y besar tu boca siempre ha sido el más dulce baile que mi paladar ha vivido.El asfalto nos quema los pies y urde en las cicatrices, ésas que ya ni nos importan, o que ya nos acostumbramos a besar. Ni tú ni yo hemos sabido nunca a qué sabía mañana, solíamos saborear las corcheas de un adagio que se contentaba con vernos a tropezones destilando presentes.Ausencias, desencuentros, trenes perdidos, pero ninguna espera.Sólo esa promesa de ser tú y yo por encima de un nosotros y más allá del jodido tiempo. 