Revista Diario

Me visitó Anónimo

Publicado el 21 diciembre 2010 por Violetaosorior
Me visitó AnónimoEstuve toda la semana pasada sin computador y cuando por fin regresé al siglo XXI me encontré con una sorpresa: "Anónimo" me visitó repetidamente. Alguien, por cierto bastante asiduo en la blogósfera materna, quien se caracteriza por sus intervenciones con cierto tono acusatorio y un alto grado de indignación. Obviamente este hecho me ha dado mucho sobre que pensar...
Hay varios tipos de anonimatos, sobra decirlo. Hay un tipo de anonimato que preserva la identidad del otro/otra para darle mayor seguridad y confianza a la hora de compartir sus experiencias. Un anonimato que permite desde la “sombra" sacar a la luz los miedos y vivencias y cuyo fin es entablar un diálogo que le ayude a encontrar respuestas y crecimiento.
Sin embargo, el Anónimo que me ha visitado no presenta estas características, tal vez me equivoque, pero a priori no da esa impresión, me quedó más con la sensación de “tirar la piedra y esconder la mano”. Me pregunto ¿por qué en un lugar seguro (convengamos que un blog lo es, no corre peligro la vida ni la seguridad de quien da su opinión) optamos por ocultar nuestra identidad? ¿Qué miedo o creencia se esconde detrás de este aparentemente pequeñísimo acto? Cada caso es particular y generalizar es odioso, pero a mí se me ocurren algunas opciones:
Antes que nada me parece evidente que hemos aprendido que el mundo no es un lugar seguro y que manifestarnos en él puede ser altamente peligroso. Supongo que esto puede deberse a que en muchos casos nuestra experiencia primaria está ligada al desamparo y la indiferencia, sobre todo de aquell@s de quienes esperábamos y necesitábamos amor, respeto y respaldo.
Sin embargo, creo que el eje central de este fenómeno está relacionado con la dificultad que tenemos para disentir, para aceptar y vivir en la diferencia. No sabemos pensar distinto, mucho menos manifestar nuestra postura desde un lugar de igualdad, respeto y diálogo abierto.
Hemos sido criad@s y educad@s desde  procesos y resultados estándares que marcan como debemos ser, quienes debes ser; y todo aquel que se sale de esas expectativas ha sido excluid@, alejad@, discriminad@, etiquetad@. Creo que tod@s tuvimos la desafortunada experiencia de ver como un/una compañer@ de clase fue apartad@,  maltratad@ por ser diferente, primero por l@s adult@s de referencia y luego por el resto de l@s niñ@, como respuesta al ejemplo recibido, obviamente. Eso cuando no fuimos nosotr@s quienes fuimos discriminad@s por ser diferentes. Ante esta perspectiva, que valentía, que coraje que implica el sólo hecho de pensar distinto y dar la cara!
Es triste, pero nos educaron para la uniformidad y el pensamiento único y no sólo eso, nos educaron para defenderlo a capa y espada, como si fuera sagrado y sobre todo como si fuera nuestro. Nos enseñaron a ver en todo aquel que fuera distinto un enemigo personal, un peligro inminente al que hay que erradicar. Sobra decir que al no haber sido educados en la diversidad no sabemos manejarnos en el disenso desde la igualdad y el respeto, desde la tranquilidad de saber que hay espacio para todos y que realmente la única regla de juego es relacionarnos desde el respeto, el reconocimiento y la responsabilidad.
Nos han enseñado además a asentir, a decir a todo si y hacer y pensar lo que nos mandan, sentimos peligrar el amor de papá y mamá cuando osamos contradecir y actuar diferente. En definitiva nos han criado para ser funcionales con lo cual con el sólo de hecho de pensar distinto nos sentimos en falta y cómo dicen por ahí "la mejor defensa es un ataque". Nos han educado para creer que disentir está mal, cuestionar aún peor, hemos sido "entrenados" para la obediencia y el acatamiento. Nos han criado desde la verticalidad y el "porque yo lo digo". Con lo cual aprendimos a "tirar la piedra y esconder la mano". La única manera de sobrevivir en un mundo sin diferencia es creerse poseedor de la verdad y defenderla con la vida si es necesario, insultando y enjuiciando a aquel que es diferente. El otro/otra es un rival y el encuentro con ese/esa otr@ está visto obviamente como una amenaza
Además nos han enseñado a imponernos, fue eso lo que vivimos de nuestros padres y maestros, quienes nos impusieron sus normas, sus creencias, sus sueños, su mundo. Desde esa perspectiva se trata de ganar o perder, abrir el diálogo es impensable, vivir en la diferencia de posturas menos aún, hay que convencer o morir. Es extraño como permanentemente sentimos peligrar nuestra supervivencia en cuestiones tan simples como tener opiniones distintas, creo yo que es legado de haber sentido realmente peligrar nuestra supervivencia cuando nuestras necesidades entraron en contraposición con los deseos de nuestros padres y primaron ellos. Cómo bien describe Laura Gutman “sólo el deseo de uno sobrevive”
Es curioso porque la mayoría de Anónimos me “acusan” por hablar en contra de la autoridad y los límites, sin embargo en mi opinión  la existencia de jerarquías y verticalidades son las responsables de que elijan para si mismos el lugar del anónimato y la confrontación oculta. Puedo equivocarme, es sólo una apreciación.
Estoy absolutamente a favor de la libre expresión, creo que cada cual está en el deber y el derecho de formar su propia visión del mundo y disentir es un sano ejercicio en la toma de consciencia y la interacción. Sin embargo, creo que ese intercambio resulta transformador en la medida en que se realiza entre iguales, entre personas dispuestas a respetar, escuchar y ver al otro/otra. Si no se queda en el terreno del pataleo.
Espero de corazón que este espacio virtual sea un territorrio de encuentro y reflexión donde todos los que quieran encuentren lugar y dónde podamos nutrirnos desde el diálogo y la interacción.
PD: Mientras escribía esta reflexión recibí una gran sorpresa, una anónima regresó con nombre, no les puedo explicar la alegría que sentí. Por cierto que se trata del comentario más constructivo que recibí de los anónimos. Quiero agradecerle públicamente su gesto!

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