Mens sana in corpore merdós

Publicado el 22 febrero 2013 por Marisapuig

Desde pequeña he odiado el deporte, no me gustaban ninguna de las lúdicas y cansadas actividades que parecían entusiasmar a todos los que me rodeaban.
 Entonces no había tanta tontería con aquello de "mens sana in corpore sano" ¡cómo iba a tener un cuerpo poco sano si no había cumplido los quince!. En esas deliciosas edades una tiene un cuerpecito serrano que añora durante el resto de su vida y no era plan cargarselo haciendo el imbécil con el ejercicio....no fuera a quedarme como una de estas...
  Además una siempre ha presumido de tener una mente bastante sana y si me dedicaba a incrementar su potencial corría el peligro ser secuestrada por un algún organismo secreto de la CIA y encerrada de por vida para servir a oscuros intereses y eso no era una opción admisible, por eso pronto desistí de seguir la estela del resto y abracé con fruición el sendentarismo más absoluto. De modo que decidí aquello de correr, hacer gimnasia, saltar el potro y participar en festivales con una estúpida maza o un rídiculo aro no iba conmigo.  Era un bicho raro. Todas mis compañeras se morían porque llegara la hora de la clase de gimnasia, salían corriendo por el pasillo dando alegres saltitos y grititos entusiasmadas ante la perspectiva de una hora en el parque.  Y yo ¿que quieren que les diga? no conseguía entenderlas...si por lo menos el profesor hubiera estado bueno pues vale, pero el caso es que no sólo no era profesor sino que era una especie de bruja malencarada que no hacía más que chillarme y que perdía el seso con las que tenían el cuerpo de goma, que no es mi caso, además a esto y a un frío del carajo- o a un calor sahariano- había que sumar a la ecuación el duro suelo de asfalto sobre el que se suponía que YO debía hacer el pino o la voltereta  lateral...tarea ésta imposible que jamás he logrado culminar. Tenía a mi favor mi escasa capacidad pulmonar y el tener un cuerpo tan duro que ni Pinocho antes de convertirse en niño lo sufría. 
 Todos los años venía un médico- o era una enfermera, para el caso es lo mismo- que nos sometía a un ¿exhaustivo? examen físico y entre las pruebas estaba la de soplar una especie de tubito que inflaba una cosa que subía y bajaba según la potencia, vamos algo parecido a un alcoholímetro pero sin multa. La menda no conseguía por más que soplara que aquello se moviera apenas unos centímetros y eso que me esforzaba, lo cual explica perfectamente porque jamás fui capaz de dar una vuelta completa al parque del colegio sin que tuvieran que hacerme la respiración asistida. Como aquello era una asignatura que no había más remedio que aprobar so pena de no poder seguir estudiando de mayor y so-papo que me hubiera metido mi querido Willy de no haberla superado, no tuve más opción que hacer todo lo posible para pasarla.
Pero la vida te lleva por extraños caminos y aquello que un día te parecía un principio vital indiscutible se convierte por mor -(por amor de, según la RAE)-de los hombres en una chorrada. Ahí me ven a mí, años después,con mi novio opositor navegando cual lobo de mar por los mares de Jávea como una consumada deportista de vela ligera dando incluso lecciones a aquellos que osaban llamar cuerdas a los CABOS o ESCOTAS ¡quien te ha visto y quien te ve! con lo pesado que era aquello, Deu Meu, levantándote de buena mañana para acudir a aparejar el barquito, descolgarlo al mar, hacer cien mil maniobras para superar la bocana y tirarte toda la mañana haciendo el chorra para intentar ganar la manga a otros que hacían el chorra de igual modo. Terminaba agotada y hecha polvo...lo único bueno era la cerveza que luego me metía entre pecho y espalda en el Naútico.
 Más adelante mi querido churri- que intentaba ligarme todo hay que decirlo- se empeñó en llevarme a correr a las pistas universitarias. Perfectamente prertrechada aparecí por allí, zapatillas que no se de dónde saqué porque entonces no formaban parte de mi "fondo de armario", pantalón corto que le robé a mi hermano y alguna camiseta de lo más cool de entonces....¡catastrófico oigan! si el parque del colegio me parecía infinito aquel circuito maldito no se acababa nunca...400 metros de sufrimiento, de sudor y de ahogo que lógicamente no culminé con éxito y si con mucho dolor medio acabé -doscientos cochinos metros fue mi récord- ante la perspectiva de una cerveza bien fría- de nuevo mi salvación-. Pero la historia no terminó aquí, tanto él como mi querido cuñado se apuntaron- y me incluyeron- a la primera maratón que se celebró. No crean que era como las de ahora, aquella sólo cubría cinco o seis kilómetros, pero para mí fue como si me hubieran pedido que diera la vuelta a África. Como ya habrán deducido a menos de la mitad del camino hice un alto en éste y me aposenté en un bar de la Gran Vía a la espera del final....no crean que fui la única, los dos llegaron a la misma conclusión que yo ¡eso de correr no puede ser sano!
 Como esto se está haciendo muy largo cortaré de momento con la intención SANA de volver sobre mi ruinosa y escasa vida deportiva y con la certeza de que para tener una mente SANA no hace puñetera la falta ponerse a correr o chorradas semejantes ya que con un cuerpo de lo más merdós se puede ser igual de listo o más que un deportista de élite...¡he dicho! y si no lo creen miren al Jabha gordo, indolente, siempre sentado y comiendo pero más listo que el hambre, consiguió capturar al estupendo Han Solo...¡anda ya!

PD: los que siguen mi filosofía anti-deporte me reprocharán mi traición al dedicarme a día de hoy a practicar el pádel con auténtico entusiasmo pero los que me conocen bien saben las razones de tal incoherencia que ya expliqué en otro post y además también saben que juego como si estuviera tullida y manca pero al final del partido...¡siempre hay una cerveza helada esperándome!...