Revista Talentos

Mi eternidad

Publicado el 09 marzo 2015 por Aidadelpozo

El amor llega sin avisar y

si toca al enloquecido,

¿qué le sucede?

¿Descubre que ha sido bendecido

por sublimes aleteos

de felicidad?

¿O sigue perdido en el infortunio de

cientos de abrazos,

miles de promesas incumplidas,

millones de locuras con o sin nombre?

Una mujer varada a su locura

gastaba su vida buscando

un beso, un gesto,

una mirada,

futuro, amor,

comprensión,

vida, llamas, fuego, pasión...

Mientras miraba un cristal,

anclada a mensajes y canciones,

llamó por azar el amor sin ella buscarlo,

arrastrándola en delirios y sonrisas,

y en ese torbellino quedó atrapada,

entre el mundo y el cristal,

entre la vida y el sueño.

El tiempo pasa a gotas sublimes

de candente gozo,

noches de lujuria,

confidencias, fuego.

Mas aun amada,

en su enloquecer,

siente su vida golpear contra rocas

de sangre caliente, pasión,

mieles, hieles y mentiras.

Llora.

Duda.

Miente y titubea.

Y aunque había arribado a puerto sin saberlo,

golpeando su barco contra las rocas

de la orilla,

siguió llorando enloquecida.

¿Qué pasa por su cabeza

que si bien ama otra vez,

desama, cual tejedora,

cierra puertas y ventanas,

y aun recibe gozosa

otros besos?

Se enredan, en maraña

entre sus labios,

pues no distingue, enferma,

entre verdad o mentira.

Sus labios mentirosos,

deshonran su propio ser,

maldita locura que, de rodillas,

ha hecho que pida

perdón a su propia sangre,

al no ver más allá de su delirio.

Maldito fue el hombre

que sin amarla,

hace años hirió su alma

con estocadas de

incertidumbre.

Ahora siente que no puede amar bien,

aun siendo bien amada...

Y un día,

entre su tormenta llegó él,

trayendo consigo mil fantasmas.

Se mostró.

Bailaron.

Se enamoraron sin saberlo.

Ella acarició sus males,

le dio paz,

él cobijo,

éxtasis, pasión, dolor,

cuerdas, oscuridad,

nueva vida...

Pero él se marchó y ella quedó en la orilla,

sola.

Marineros bailaron a su alrededor

en una danza hueca.

Y ella danzó, esperando su regreso.

Danzó enloquecida, sin saber,

sin amar, sin amor

y de nuevo perdida.

Esperaba su regreso.

Pero no llegó.

Y esperó, desesperada,

sin bailes, sin máscaras,

sin más amor que el de desear

su regreso.

Curada de locuras

deseando enloquecer con él,

solo con él.

Juntos, ambos...

"Siénteme, amor, estoy contigo.

Tú eres mi eternidad y yo la tuya."

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