


Me dispuse a ir al cine con mis primos. Las butacas de madera con el ruido que hacían al moverte, le servían de ayuda al Drácula para aterrorizarnos aún más de lo que se proyectaba en la pantalla. Recuerdo, que no fui capaz de decir nada, pero cuando vi al señor Lee en pantalla con esos colmillos y con esos ojos llenos de sangre, me empecé a sentir cada vez más y más pequeñita. La butaca se me hizo enorme y me iba enterrando en ella muerta de pavor. Pude sentir como alguien, un hombre, se sentaba a mi lado, mientras yo era engullida por la butaca y mis manitas no conseguían tapar esa enorme cara terrorífica que se iba acercando más y más a mi.Entonces, el hombre que se había sentado a mi lado, colocó su brazo sobre mi butaca, se acercó a mi y me preguntó: - "¿Nos vamos?" Sentí como si los ángeles me hubiesen prestados sus alas y un superhéroe me rescatara por milagro de ese horror que estaba sintiendo. Me levanté tan rápido como pude y me abracé a su cuello. Él me cogió entre sus brazos y yo con mi carita enterrada en su pecho, salí de ese cine para no volver jamás, satisfecha de tener Mi Propio Héroe:Mi padre había estado esperando desde que comenzó la película cerca de mi, hasta que vio que era suficiente y que a mi me pareció una eternidad.Hoy doy Mil Gracias por haber tenido un Super Papá, Mi Héroe.


