Revista Diario

Möet para dos

Publicado el 12 abril 2011 por Jans_braender @jansbraender

Pides al camarero que descorche una botella, una botella de champán, ¡que corra la alegría! gritas al que te quiere oír, estás feliz, contento, flotando a diez centímetros del suelo, ella te mira sonriente, encantada por tu felicidad plena. 

El camarero es torpe, pero hasta un camarero torpe es capaz de descorchar con gracia una botella de Möet. El resto del restaurante ajeno al motivo de nuestra felicidad, aplaude a rabiar, contagiados por la necesidad de alegria, huerfanos de felicidad, se conforman con congratularse por un motivo desconocido.

La miras a los ojos y descubres que no quieres dejarla escapar, no se trata de este momento, no es que quieras ser feliz hoy, ni mañana, ni un mes, o dos años, o tres lustros, estás hablando de la felicidad con mayusculas. Estás hablando de compartir esta complicidad para siempre, a su lado.

De repente sientes un escalofrío, no por el frío de la copa, sino por tus pensamientos, ¡toda la vida! dicho otra vez parece mucho tiempo, ¿demasiado?, no estás seguro que ella quiera aceptar ese trato, y por momentos la euforia ha desaparecido, no estás tan seguro que seas ni tu mismo capaz de aceptar ese trato perpetuo. Repites otra vez los gritos de entusiasmo, pero ya resuenan huecos en tu garganta, y te sientes parte del público que sigue jaleando sin saber qué, tú tampoco sabes porqué pero ahora te conformas con disfrutar del momento, sin pensar más, sin esperar más, apurando a sorbos la copa de champán, y deseando besarla.


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