Moras

Publicado el 29 diciembre 2014 por Pablo Ferreiro @pablinferreiro
La noche estaba fresquita, pero nosotros estábamos en cuero. El Tano, Franco, oreja y yo nos juntamos en el taller de casa a planear. El último en llegar fue el Tano, en su casa siempre cenaban un poco más tarde.
-¿Listos? (dijo Oreja)
-Repasemos una vez más el plan, por las dudas. (dije con la sensatez de los cobardes)
- Si, tiene razón el Flaco (me apoyó el Tano)
-Bueno la verdad es que no hay plan. Acá lo que tenemos que hacer es evitar que el viejo venda todo, que nos quedemos sin moras. (exhorto Franco)
- Y por eso lo tenemos que hacer cagar al viejo… (Oreja irónico)
-¿No hay otra manera? Yo no sé si tengo ganas de matar a alguien (agregó el Tano cagón)
-Nadie dijo matar eh. No pongan palabras en mi boca ni se metan con mi vieja. (dijo  Franco pateando una latita)
-No dijimos nada de tu vieja (Intenté tranquilizar a Franco)
-Por las dudas. (Franco con mirada traicionera)
-No podemos ir a ver que pasa. Tenemos que tener un plan, un objetivo. (tomé la posta)
-Che, viene la lluvia, yo no quiero decir nada pero no me quiero agarrar una peste. ¿Lo hacemos mañana? (Dijo el tano mirando para el piso)
-Volvamos mañana con un plan cada uno y vemos cual es el mejor. (termine la reunión)
Todos estuvimos de acuerdo, estrechamos las manos en diagonal y cada uno volvió a su casa. Hice mate al lado de la planta de navidad florecida, mire las estrellas y  el cielo limpio del conurbano. ¿Como podemos evitar que el viejo venda la quinta? Mucha gente se quedaría sin trabajo,hasta los ladrones empezarían a robar otra cosa, todo cambiaría, todo sería peor.
Pensé que la mejor manera de pensar un plan era recapitular. Hace mucho que no se lo veía al viejo, hasta hace algunos años salía con el escobillón a rajar a los pibes que se colaban en los moreros, para robar las moras blancas, rosadas y sobre todo las negras. En nuestro barrio se comía todo hecho con las moras del viejo, pasteles, jugos, helados y dulces, creo que nadie recuerda el barrio antes de él.
Todavía teníamos tiempo, nadie se había enterado aún. A nosotros la noticia o el rumor nos llegó por una vieja hace una semana. Estábamos tomando una coca y repartiéndonos los puchos sueltos cuando la jovata salio a baldear. No se si para asustarnos o porque maldad que abunda en estos seres guachos, nos dijo:
“No entiendo porque siguen acá sentados, con las cosas terribles que pasan. Ya van a aprender cuando no esté más el viejo, van a tener que laburar. Falta poco”
Preocupados salimos corriendo ante el inminente chorro de agua o llamada a la policía.  Enseguida fuimos a la quinta a ver qué pasaba, si no era un bolazo de la vieja. Nos subimos por los árboles a ver si podíamos escuchar algo, de paso comimos algunas moras.  Cuando estábamos por rendirnos o aburrirnos que es lo mismo, dos voces aparecieron por el caminito, no pudimos distinguir que decían.
Las voces se extinguieron en el ronroneo de una chevy, la casona quedó con las luces apagadas. Unos perros, que estoy seguro olieron al tano, vinieron por nosotros y huimos.
Eso fue todo lo que pasó. No teníamos muchas certezas, sólo las voces, el chevy y la ausencia del viejo. Tom, mi perro, se acercó y tiró la yerba. Esta cagada por la que fue castigado ,interrumpió mi pensamiento cuando creí haber llegado a una conclusión, bueno tampoco es que había pensado tanto: Se me ocurrió buscar al viejo y charlar con él. Creo que iba a ser lo más sensato, tal vez todo pudo haber sido como en esas historias donde un impulso llevan a apurarnos y a hacer tonterías como pensar en un asesinato.
El tano me pasó a buscar temprano al otro día,  a eso de las cinco de la tarde más o menos,  lo notaba un poco nervioso, ninguno de los dos quiso adelantar  lo que había pensado. Hicimos tiempo hablando de Chacarita y de minas. Los otros dos llegaron y se prendieron en la conversaciòn. Cansado de escuchar que los dirigentes se roban todo y que las minas son todas iguales con el caer de a poquito del sol, encaré el tema que nos juntó.
- Mi plan es sencillo, digo que vayamos de frente y pidamos hablar con el viejo, después de todo nos podemos estar confundiendo.
-Yo digo que no tenemos que hablar nada, vamos con un par de fierros y tomamos la quinta. Acá tengo dos 22 mm y un trabuco. Se los dejo a ustedes, yo voy con un tramontina (Dijo Franco)
-Pienso que no tenemos que hacer nada, no nos hagamos los héroes. Dejemos las cosas como están. (Reflexionó Oreja)
El tano no dijo nada. Propuse una votación para desenredar el problema.Cada uno voto la propuesta del otro. Quedaba el tano para desempatar, su amistad más antigua conmigo me dió la victoria.
Golpeamos el portón de la quinta, no estábamos acostumbrados a usar los timbres. Para nuestra sorpresa nos atendió la vieja baldeadora de veredas.
-Que hacen acá, màndense a mudar antes que llame a la policía.
-Queremos ver al viejo.
-Ya es tarde. Afuera les digo.
Franco agarró la posta.
-Que vamos a ver al viejo le digo.
El muchachos pendenciero le hizo un agujero sangrante en la rodilla, a fuerza hizo primar su plan.
-Después de usted
Fuimos por el caminito de piedras acuevado entre unas parras,  la penumbra era cautelosa. La chevy estaba ahí afuera, El tano me miraba aterrado, ya no teníamos vuelta atrás. Caminamos despacito a lo lejos sólo la luz de una habitación estaba alerta. Oreja, pillo, tiro un piedrazo unos cien metros en camino a los moreros, una parvada de teros fue al encuentro del objeto contundente. Frenamos, el tano pedía que rajemos, que acá va a pasar algo feo, que tal vez la vieja no nos recuerde y zafemos con los tiras. Franco lo sopapeo.
-Yo acá dejo todo, cagón. Agarren todos ramas y corran a la puerta que los teros son más blandos que los perros.
Hombre guapo literal. Nos abrimos camino entre los bichos a golpes de rama, hubo heridos de ambos lados pero todos llegamos a la puerta que fue derribada por nuestro envión. Los cuatro tirados en la sala de estar, algún tero enredado todavía en la ensalada de pibes, madera y sangre. Se prendió un velador, dos tipos comían semillas de girasol, tenían sobretodos y sombrero, eran pelados.
-Venimos a ver al viejo (Franco mostrando el chumbo)
El más gordo sacó un arma y disparó con la puntería de un jugador de ascenso, ahuecando la oreja de ídem. Franco respondió con un disparo certero, gran cazador de cuices. El otro tipo se refugió detrás de un sillón, el tano corrió hacia el sendero donde fue emboscado por los teros rabiosos.
-Salí de ahí, te veo la mollera viejo puto (Franco con los ojos llenos de lágrimas)
La mollera subió junto con una mano cuchillera, el pibe bravo disparó y diò en el blanco tanto como el veterano lanzador de cuchillos con su metal. Quedé yo, sólo podía ir hacia adelante para evitar a los teros y para ir a fondo como Franco quería.
Subí las escaleras de dudosa madera camino a la luz que habíamos visto desde afuera. Transité el pasillo como quien tiene cita con el verdugo. Abrí la puerta y ahí estaba el famoso viejo. Dos tubos intentaban mantenerlo con vida, pelados con sobretodo y sombrero lo acompañaban impávidos ante el medico que decía hora de muerte 00:23. Uno de ellos me diò un tiro en una costilla y continuó llorando.
Desperté en una de las habitaciones, al cuidado de enfermeras rusas. Durante semanas estuve encerrado, con dos pelados en la entrada. Un domingo al mediodía me dirigieron donde murió el viejo, en su lugar, la vieja con su rodilla perfectamente enyesada.
-Que mierda pasa (me despaché), donde están mis amigos, quiero a mi familia.
-Tus amigos fueron pero a vos por ser el ultimo te va a tocar algo distinto, Pertenecer a esto.
-Que es esto?
-Verás que no es una quinta de moras. Es la mafia pibe, espabila.
-Dejame irme.
-Vas a decirle al barrio que el único sustento de la vida acá es un delito y después que? Viene la cana y se cagan de hambre.  Andà a descansar, mañana te van a enseñar el laburo.
Volví a la habitación, me dieron unas faturas con mate (siempre con mora). Miré por la ventana a la gente laburando embarrada con sus cestas y me pregunté ¿Acaso no era esto lo que queríamos Franco, Oreja, el Tano y yo? ¿Que todo siguiera igual para los nuestros?
Al otro día empecé a trabajar, me pelaron y empecé a usar sobretodo y sombrero, me jubilé a los 65, de más está decir que todo seguía igual y había otras banditas de pibes nuevas.Siempre guarde el secreto y con los años me convencí, sobre todo a la noche, que las tres muertes de los chicos no habían sido en vano, sino que habían adornado la muerte del hombre que creo una mentira que hace a un barrio prospero y feliz.