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Motín policial en Bolivia: otra lección que el gobierno no aprende

Publicado el 23 junio 2012 por Perropuka

Motín policial en Bolivia: otra lección que el gobierno no aprende

Foto: El Dia

Hace un par de semanas atrás –en ocasión de la 42º asamblea de la OEA en Cochabamba-cuando afirmaba que las autoridades gubernamentales maquillaron todo, incluyendo el desastroso uniforme de la policía, para dar la impresión de ser un país ordenado, no estaba bromeando,  y una vez más, los hechos que paso a narrar, me refuerzan si es que mi crónica pecaba de exageración o frivolidad. 
Mientras Evo Morales y su numerosa comitiva gozaban de la estadía en la reciente Cumbre de Rio de Janeiro (todavía me cuestiono a qué va el mandatario si no es para promocionar su imagen) y aquí se celebraba el año nuevo andino donde el vicepresidente García Linera acudía con la novia –cual dos turistas extasiados en medio de exóticos emponchados-a la ceremonia del solsticio invernal preparada en las ruinas de Tiahuanaco, a las pocas horas, el sindicato de esposas de policías de baja graduación se declaraba en huelga de hambre y se movilizaba pidiendo mejoras salariales para sus maridos.
Como sucedió un par de meses antes, con la extensa huelga de los médicos y trabajadores de salud pública, una vez mas el gobierno incurre en la misma torpeza: minimizar los problemas hasta que se convierten en asunto grave, buscando desprestigiar las protestas antes que atenderlas. Tradicionalmente, la policía ha sido una de las instituciones más descuidadas de los regímenes de turno, es indignante ver las condiciones en que trabajaban sus efectivos y miserables los salarios de sus miembros de bajo rango. Con un sueldo que no llega ni al equivalente de 200 $us para los policías sin grado, el malestar ya maduraba desde mucho antes. Ante la tajante indiferencia del gobierno y el silencio cómplice del recientemente posesionado comandante, la tropa se amotinó, tomando varias instalaciones y cuarteles policiales. Produciéndose escaramuzas con gases lacrimógenos, finalmente expulsaron a empellones a jefes y oficiales, y en la refriega golpearon los parabrisas de los vehículos de los mismos. 
Todo comenzó el jueves por la mañana, en la UTOP (unidad táctica de operaciones)de La Paz, horas después, como efecto dominó el problema se irradió al resto de las ciudades principales.  Aún había tiempo para negociar, extrañamente ningún personero de gobierno respondió oportunamente. Se cerró el palacio de gobierno dejando a custodia de militares, los funcionarios se esfumaron de los ministerios y poco a poco las distintas unidades policiales abandonaron sus funciones y se plegaron a la protesta. Una tensa calma se apoderó de la urbe paceña el resto del día. Los canales de televisión dirigieron sus focos a los efectivos con el rostro cubierto, que encaramados en los techos gritaban consignas como “no tenemos miedo carajo”  mientras algunos agitaban metralletas en el aire.
Toda la noche los amotinados permanecieron en vigilia y armados, atentos a los rumores de una posible intervención militar. El viernes por la mañana, sin visos de solución, los policías rebeldes procedieron a asaltar algunas oficinas del Ministerio de Gobierno y otras reparticiones de donde sacaron abundantes documentos, expedientes disciplinarios y CPU de computadoras y luego los quemaron en medio de la calle. Se informó que incluso se extrajo irresponsablemente valiosos documentos del museo policial. Con los ánimos caldeados, y amparados en el anonimato,  los policías olvidaron que son guardianes de la sociedad, comportándose en algunos casos como vándalos.Motín policial en Bolivia: otra lección que el gobierno no aprende
Por su parte, en la ciudad de Cochabamba, se observaron algunos hechos curiosos como que los reclusos de dos cárceles se declararon en emergencia por solidaridad con sus custodios, a quienes enviaron agua embotellada y otros refrigerios humildes. Otros sectores como los comerciantes gremialistas y la federación de maestros también hicieron llegar sus ayudas, dando la mano a quienes muchas veces los gasifican en las constantes protestas que convulsionan a este retorcido país. En la ciudad de Santa Cruz, los amotinados se hicieron con el control de Palmasola, la cárcel más grande del país. Posteriormente en horas de la tarde, en La Paz, una veintena de tenientes se sumó a la protesta. Ante el abandono de los policías asignados a los bancos, éstos, por instrucción de su entidad matriz, cerraron sus puertas a mediodía en el todo el país. Mucha gente se quedó confundida y molesta sin poder efectuar sus trámites bancarios.  Como era de esperar, la televisión estatal se dedicó a emitir otros programas mientras los otros medios ofrecían actualizaciones de última hora. 
Lo que empezó como una simple demanda de mejora salarial, en un par de días, por la indolencia gubernamental, se convirtió en un manojo de exigencias: en primer lugar ya no solo se pide aumento del salario básico, sino también nivelación con los sueldos de militares y renta de jubilación al 100% de los cuales estos ya gozan. Por otro lado, se exige la derogación de una ley institucional que impide a los policías efectuar reclamos y opiniones en forma abierta so pena de sanciones disciplinarias o despidos. Molestos también con el comandante de policía que apenas apareció para reclamarles que dejen la protesta porque “daña a la imagen de la institución” -además de que no goza de aceptación por su posesión irregular sin observar el escalafón- pidieron asimismo su destitución o renuncia.
Como ocurrió con los médicos, los policías aprovecharon la cobertura mediática para mostrar las paupérrimas condiciones de trabajo, quejándose de la insuficiente dotación de uniformes y armamento adecuado para hacer frente a la cada vez mas equipada delincuencia (todavía queda fresco el video de seguridad de un asalto a una joyería a pocos metros de una agencia bancaria, donde sus guardianes no se animaron a enfrentar a los ladrones porque uno de estos estaba armado con fusil militar).  Realmente es indignante ver el estado calamitoso de las oficinas donde la gente acude a efectuar sus trámites, amén de los cuarteles cuyos dormitorios destartalados y cocinas pobremente equipadas son el vergonzante testimonio del descuido estatal. Y no se hable de la gran cantidad de vehículos parados por falta de repuestos y mantenimiento. 
Y da la casualidad que hace pocos días, el gobierno mostró orgullosamente su propaganda de cómo está equipando a la Fuerza Aérea con la compra de helicópteros y aviones, además de presentar a la primera mujer piloto de combate de la historia como si fuera un logro de género. Es lógico suponer que las imágenes enfurecieron a muchos policías, mucho más cuando existe una histórica rivalidad entre policías y militares. De ahí, el grito de desafío de los amotinados de que no tienen temor a una intervención militar, tal como sucedió en febrero de 2003 cuando hubo un cruce de disparos entre ambas fuerzas en los alrededores de palacio de gobierno, que ocasionó una veintena de muertos, mayormente policías. Este infausto acontecimiento fue el germen del posterior derrocamiento del gobierno constitucional de Gonzalo Sánchez de Lozada, en octubre del mismo año, quien mandó un contingente militar para reprimir las protestas que arrojaron un saldo de más de 60 muertos y centenares de heridos. Este levantamiento no fue del todo espontáneo, estuvo comandado por varios dirigentes sindicales, entre los cuales estaba el mismo Evo Morales. Hay mucha gente que piensa que todo fue un movimiento bien orquestado para derribar al gobierno de entonces.
Volviendo al tema, en medio de la rebelión policial, la tragedia se cebó con la institución en horas de la tarde de este viernes: una baranda de la Unipol se vino abajo cuando sus alumnos eran llamados a filas para una inspección rutinaria, a consecuencia del accidente murieron dos jóvenes cadetes y quedaron 44 heridos, algunos muy graves. Sobre lo mojado llovido, se diría vulgarmente. A partir de las ocho de la noche, recién el Ministro de Gobierno comenzó a negociar con los representantes de los policías. No se llegó a ningún acuerdo, y continúa el acuartelamiento. Hoy sábado por la mañana, mientras termino estas líneas, hay aparente calma a la espera de una solución consensuada. Mañana domingo será otro aniversario de la Policía Nacional, como es lógico, ya se ha anunciado que la tropa no saldrá a festejar, esperemos que el alto mando y el gobierno no cometan la imprudencia de celebrar el acto solemnemente y aparentar que todo va bien. 
De no ser la destitución del presidente paraguayo, con toda seguridad este motín policial sería portada de los diarios internacionales. Debería sonreír consolado de que esta vez la tragedia de un país hermano eclipsó nuestras miserias. 
Ver tambien: Fotos y videos de la rebelión policial

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