Revista Literatura
Mudanza
Publicado el 04 enero 2013 por Fdh
viernes 3 de enero de 2012
Le pide que los deje. Pesan demasiado, dice. Cubiertas que el tiempo desluce, títulos que sus ojos prefieren, palabras por las que ha buscado los pequeños y tranquilos bares de barrio.
No son los objetos —aquel viejo disco
que juntos compraron en Marsella, la ajada cartulina de un ticket de metro, las suaves y encontradas bolmas…—, es otra cosa, más grave, responde.
Déjalos, vuelve a repetirle y sigue ordenando las ropas y los avíos. Detrás, por la puerta que da al balcón, la alegoría que ahora recuerda: unas gaviotas buscando en los techos la comida que no había en el mar.
Le pide que los deje. Pesan demasiado, dice. Cubiertas que el tiempo desluce, títulos que sus ojos prefieren, palabras por las que ha buscado los pequeños y tranquilos bares de barrio.
No son los objetos —aquel viejo disco
que juntos compraron en Marsella, la ajada cartulina de un ticket de metro, las suaves y encontradas bolmas…—, es otra cosa, más grave, responde.
Déjalos, vuelve a repetirle y sigue ordenando las ropas y los avíos. Detrás, por la puerta que da al balcón, la alegoría que ahora recuerda: unas gaviotas buscando en los techos la comida que no había en el mar.
