A él solo le quedaban segundos de vida... Iba a morir leyendo lo que le escribía, en cuanto llegara a la palabra cincuenta.
Revista Talentos
El planteamiento no resultó sencillo... o quizá, sí; sencillísimo: casi sin proponérmelo ya había logrado captar su atención y distraerlo del antídoto que otra mano le tendía.
A él solo le quedaban segundos de vida... Iba a morir leyendo lo que le escribía, en cuanto llegara a la palabra cincuenta.
A él solo le quedaban segundos de vida... Iba a morir leyendo lo que le escribía, en cuanto llegara a la palabra cincuenta.
