Por: Claudia Plazas
La “vida fácil” se volvió el camino elegido para muchas colombianas que no cuentan con los recursos para salir adelante, en muchos casos más que recursos, es cuestión de ganas para trabajar por un mejor futuro. Claro que este fenómeno de la prostitución y la “vida fácil” se volvió también el camino más fácil de ganar rating en un país doble moralista donde el aborto y el matrimonio entre parejas del mismo sexo generan polémica y las series de niñas prepago generan ratings muy altos.Si es verdad el dicho de que “todo entra por los ojos”, las productoras colombianas están haciendo un muy mal trabajo en forjar un camino más prospero para la población femenina y en cultivar esos valores de los que tanto se jactan los sectores más conservadores del país.
Ser prepago o póstpago, o lo que sea, va más allá de una cuestión moralista. Cada cual es libre de juzgar lo que está bien o mal, pero en un país donde muchas niñas y jóvenes han sido abusadas y asesinadas por estar involucradas en este mundo tan turbio de dinero y poder, se debería juzgar con mayor cautela el impacto social que pueden generar series que tratan temas que han dejado cicatrices en nuestra sociedad.Eso sí, sigo extrañada con el silencio perpetuo de Roberto Gerlein y Alejandro Ordóñez sobre estas series. ¿Será que las ven sagradamente?
