Noche de Reyes

Publicado el 09 agosto 2012 por Dolega @blogdedolega

Foto tomada el pasado verano

Esto ha salido larguísimo, pero tengo que decir que así ocurrieron las cosas.

Esta historia se remonta a tres años atrás.

Ya por la mañana el Niño me había dicho que no tenía visto a Rata desde la noche anterior.

Cuando llegué a casa ya era de noche, hacía un frío que pelaba y Consorte se había encargado de hacer la cena porque él, si tiene media jornada, sale a media jornada. Él sí trabaja en una Empresa. Yo trabajaba en una finca de algodón de Alabama S-XIX.

-¡¡¡Mamá, ven un momento!!!

El Niño estaba descompuesto y nervioso. Y andaba por la calle cuando aparqué el coche.

-Qué haces aquí, espero que hayas ayudado a tu padre a hacer la cena.

-Shhhhhhh ¡Calla! Escucha

-Qué escucho

-¡Escucha!

-¡Qué diablos tengo que escuchar y dilo deprisa que está helando!

-¿¿No lo oyes?? ¡Es mi hijo!

Afino el oído y sí, oigo un “miau” agudo como de un cachorro, pero muy bajito. Empezamos a seguir el sonido y nos vamos a una de las esquinas del jardín y oímos que el maullido viene de casa de un vecino. Cogemos la linterna y nos vamos para allá, allanamos la casa, mientras el Consorte y la Niña estaban preparando la cena y poniendo la mesa.

Cuando al fin damos con el sonido, no nos lo podíamos creer. El Rata estaba subido en lo alto de este pino.

La tuve que tomar desde fuera, claro

Alumbramos con la linterna y allí estaba en una rama maullando ya con poca fuerza porque debía llevar día y medio allí subido.

-Este gato es anormal.

-Pues no, lo que pasa es que mi hijo es un bebé y quiere explorar.

-Este gato es anormal…

-Venga vamos a buscar la escalera que hay que rescatarlo.

Llegamos a casa, mientras iba pensando en que tenía que coger un plumas, el gorro de montaña, la bufanda, los guantes de nieve, las botas apreski, porque estábamos a bajo cero seguro, pasar la escalera a la casa del vecino sin su consentimiento ya que estaba cerrada por ser una casa de vacaciones… en fin, digno de nosotros, vamos.

Menos mal que tiene una valla bajita y saltamos sin problemas.

-¡Anda que! Menos mal que tenías media jornada.

Me dice el Consorte mientras me estampa un beso.

-Espero que hayas hecho la cena entera porque tenemos que ir al rescate de tu nieto.

Y le explico la situación.

-¡Ese gato es imbécil!

-Si… pero hay que rescatarlo.

-Yo me quedo al cargo de la cena, mamá. Que yo al tonto ese ya lo he buscado muchas veces.

Dice la Niña y tiene razón, porque son ya varias las que hace el animalito.

Así que Consorte carga con la escalera, yo con las linternas y el Niño se pone los aparejos para ir al rescate de su hijo, mientras la Niña se queda a cargo de la cena.

Allanamos la casa vecina, ponemos la escalera y nada más ver como pone el primer pié en el árbol el Niño, me doy cuenta que la habilidad trepadora del gato, la ha heredado del “padre”. En resumen el Niño no tiene ni repajolera idea de trepar un árbol.

-Colócate en una rama que estés cómodo y siempre ten a mano una rama cercana para apoyarte ó agarrarte.

Yo estoy en lo alto de la escalera, cuidando de que el niño no se descalabre, mientras Consorte alumbra al gato que está realmente alto.

La estrategia que ha cogido el animalito es la siguiente: Él ha decidido que quiere bajar del árbol así que busca una salida. Pero cree que la salida está en la parte exterior de las ramas y no en el tronco, así que va hacia la parte exterior del pino y claro cuando las ramas se hacen más endebles y él se siente más inseguro, lo que hace es subir.

El Niño empieza a llamar su atención con mimos: “hijo ven aquí””que te vas a caer chaval” y cosas similares.

-¡¡A ver, déjate de tonterías y enséñale el agua, a ver si va hacia ti!! Chilla el Consorte.

-¡SHHHHH! Por favor dejar de gritar que como venga la guardia civil, esto no hay quien lo explique ehhh. Suplico yo.

Pasan los minutos y ni con agua, ni con pienso, ni con mimos. Él ha decidido que lo mejor es seguir trepando hacia la copa del árbol. Yo estoy aterida de frío a pesar del plumas y siento que los guantes de nieve se están llenando de resina del pino, así que para tirarlos.

De repente aparece la que está al cargo de la cena.

-Mamá, que cuanto tiempo caliento la salsa de la carne

-¡Ehhh, ehhhh! Guapa, tú no te comes la carne hasta que vayamos todos.

¡No te jode! Yo aquí subido salvando al bebé y tú zampando. ¡De eso nada!

-Si claro, si te parece estamos aquí hasta mañana sin comer porque tu hijo quiere hacer subida de pino. No. Yo me pongo a cenar y ya cuando terminéis vosotros, cenáis.

-¡Pero quieres dejar de hacer el ganso!¡Llámalo para que vaya hacia ti, joder! Bramaba el Consorte.

-¿¿¿¿Y que crees que estoy haciendo??? Chillaba el Niño.

-¡SHHHHHHH, por dios!

Yo ya me veía dando explicaciones en el cuartelillo de la Guardia Civil y contando una historia de no creer…

-A ver querida, ahora tienes que esperar a que vayamos. No empieces a comer que te conocemos. Intentaba yo apaciguar a la Niña.

-Vale, reparto los canapés en cuatro partes y ¡oye! Cada uno se lo come cuando quiere.

-¡Ehhh, Madre, Madre! ¡No la dejes que ya sabes cómo reparte!

-¡¡¡¡Pero quieres hacer el favor de estar a lo que estas cooooño!!!! Que lo traigas hacia ti, hacia ti. Vociferaba el Consorte con un abrigo canadiense que tiene que parece la reencarnación del “Yeti“.

-¡SHHHH por dios que no deis esos gritos!

-Bueno, yo reparto los canapés y los langostinos y ya la carne vosotros veis cómo lo hacéis. Hala, me marcho que hace un frío que pela ¡Qué horror!

-A ver moza, espérate un poquito, si esto lo acabamos en un plis plas ya verás. Trato de persuadirla.

-¿En un plis plas dices, con el Niño y el gato haciendo de la suyas? ¡NO!

Y yo tengo hambre.

-¡¡¡¡Baja, baja, coño que voy yo para arriba ya verás si baja el bicho ó no!!!!

El Consorte estaba fuera de sí. Helado de frío y plantado al pie de la escalera hecho una furia.

-¡SHHHH por Dios dejar de dar voces!

Empiezo a bajar de la escalera y oigo un “graaaajjjjj” me toco y ¡mierda! Acabo de rajar el plumas que vale una pasta tonta.

-Ni se te ocurra subirte tú al árbol que no tengo ganas de acabar en urgencias ehhh.

-¡Déjame, déjame!

Y allá que va para arriba como una exhalación. Se lían a darse gritos los dos, uno en el árbol y otro en lo alto de la escalera, que si para acá, que si para allá, que llámalo, que no seas cafre, que al final me voy a caer y me parto la crisma…. A todo esto el gato en la parte más alejada de la rama.

Y de repente el Consorte lanza un alarido que resonó en el silencio de la noche.

-¡¡¡SE ACABÓ, SE ACABÓ!!!

Se baja de la escalera y empieza a ir hacia fuera de la casa.

-¡¡¡Niña ven conmigo!!!

-¡No! Yo me marcho a comer los entremeses, que a este paso no cenamos en toda la noche.

-Claro que vamos a cenar hija, ¡¡pero echando leches vamos a cenar!!, ya verás. ¡Ven conmigo!

Y allá que se van los dos desapareciendo en la oscuridad.

-¡¡¡Huy que mal rolloooo madre, que mal rollooooo!!!! Ayúdame que estos con tal de comer son capaces de cualquier cosa.

-¡Pero qué dices! Habrán ido a buscar algo de comer para darle al gato.

-¡¡Hijo, hijo!! Ven aquí y déjate de hacer el idiota que tú no sabes que en esta casa el hambre da muy malas ideas, tío.

A esta altura de la historia llevábamos fácilmente una hora y media intentando el rescate del maldito bicho. El frío se me había metido en los huesos. Las linternas estaba a punto de dejar de funcionar por descarga de las baterías y después de un día de trabajo y estar allí subida en la escalera y con mi plumas roto, estaba empezando a perder la dulzura de mi carácter.

De repente vemos las luces de las linternas del consorte y la Niña y allí que aparecen.

-Ponte aquí, cariño. Abre la bolsa.

Y vemos El Niño y yo que el Consorte está con unas tijeras de podar ramas de altura y la Niña con una bolsa de Ikea de las azules grandes.

-¡¡¡¡Pero qué pretendes hacer!!!!

-Fácil, pretendo cortar la rama donde está el mamón del gato.

-Y según caiga yo lo apaño en la bolsa y ya está.

-Pero, pero, pero tú estás pirado tío, tu estas fatal. ¡¡¡Te lo advierto, como se te ocurra hacerle eso a mi hijo, me voy de casa y no me vuelves a ver en la vida!!!!

-¡¡¡Y tu Niña, definitivamente estas de la olla!!!

-SHHHH, a ver Niño, no le digas eso a tu padre, que nos hacemos ilusiones y luego todo queda en nada.

-No no, Madre que lo digo en serio ehhhh que como lo tire del árbol, en cuanto acabe la carrera y me compre la casa y el coche, vamos que me piro ehhh.

-Ahhhhh bueno… Decimos el consorte y yo.

-Bueno vamos a estudiar la situación. Llevamos más de hora y media y tu hijo ha decidido que tú no le ofreces la suficiente confianza para refugiarse en tus brazos, así que tenemos que obligarlo un poquito.

-Si claro y obligarlo un poquito es ponerlo a hacer arboling, no te jode.

-Bueeeeno, prometo que no le corto la rama, ¿vale? Solo se la muevo un poco.

-Además si yo no logro cogerlo en la bolsa, es un gato ¡tiene siete vidas!

Dice la Niña con impaciencia.

-¡Vete a la mierda, niña! Tú con tal de cenar eres capaz de cualquier cosa.

Mientras El Niño y la Niña estaban enfrascados en la discusión, el Consorte que empieza a mover la rama donde estaba el Rata y el gato que sale corriendo en dirección al Niño

-¡¡Hijo, hijo ven cariño, ven a mis brazos!!! ¡¡¡AHHHHH, AHHHHH!!!!!

-¡¡Que pasa, que pasa!! Gritaba yo histérica pensando que se estaba cayendo del árbol.

-¡¡¡Baja baja, coño baja!!!

Bajo corriendo de la escalera y allá que el Niño baja de la escalera y sale corriendo como un poseído hacia casa. Nosotros que salimos corriendo detrás de él, yo iba pensando mil cosas y todas eran malas.

Dios se apiadó de él y las puertas estaban abiertas así que cuando llegamos a la cocina nos encontramos al Niño quitándose el abrigo y la sudadera mientras lloroso nos explicaba que el Rata había salido corriendo y se le había metido de golpe dentro del plumas que tenía un poco abierto y se había puesto a arañarlo como un loco, porque él lo había encerrado en el abrigo para que no se volviera a escapar.

Lo miro, estaba como un Cristo, todo arañado por el pecho y la garganta a pesar de la sudadera, lo curo con betadine y allí que nos vamos a recoger los aparejos de la casa del vecino. Cuando terminamos la aventura, los únicos que tenían ganas de cenar eran El Consorte y La Niña. Yo estaba hecha polvo y el niño estaba que no se podía mover entre unas cosas y otras.

El pobre Rata estaba agotado después de día y medio en el árbol, bebió/sorbió como si no hubiera un mañana, comió sin control y le tomé la foto para inmortalizar ese momento.

Tomada la noche de autos. Así se quedó despues de comer y sorber

-Gracias precioso, la cena estaba buenísima. ¿Qué quieres de regalo de Reyes?

-Que lleves al idiota de tu nieto a que le corten los huevos. Lo pago yo.

Y así fue. A los tres días era gato capado.