Revista Talentos
Pues sepa vuestra merced que, estando vendiendo los vinos del arcipreste y casado con su barragana, sentía que mi boca, al fin, era medida. Pero la oportuna aparición de Zaide, mi hermanico negro, nos obligó a dejar tierras toledanas y a trabajar como sumiller en una posada de la costa.
