Revista Talentos
Me pidió un cigarro y la mandé a paseo. Al rato volvió para gritarme, a la chica le gustaba y a mí me parecía preciosa. Pero no podía ser, hablábamos idiomas diferentes y nuestros orgullos habían pasado por encima de nuestro deseo. Podía haber sido la mujer de mi vida.
