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¿Para toda la vida? ¿En serio?

Publicado el 03 enero 2013 por Nona

¿Para toda la vida? ¿En serio?

Sí, te acepto TAL CUAL ERES.

En estos días que tantas amistades se han propuesto matrimonio, unas se han casado, otras han celebrado sus aniversarios, y algunas buscan aún su media naranja, revisité aquella tarjeta que le escribí a mi amigo del alma cuando se fue a casar. Aquí se las comparto desde mis poquísimas experiencias, pero muchísimos buenos deseos.

No importa las creencias que tengas y practiques en tu vida, el matrimonio es un contrato de cooperación para lograr un bien común. Si te quedas en lo pequeño, lo verás como cooperar entre los contrayentes para formar una buena familia; pero cuando lo ves proyectado hacia fuera, es una cosa demasiado grande para explicarla dentro de las limitaciones del idioma terrenal.

De repente piensas que es bien fácil, que el amor es capaz de sacarte adelante en todo, que eres capaz de soportar cualquier cosa en nombre del amor. Pues no. Eso de que "abandonarán a su padre y a su madre" y todo lo que eso implica, es embuste. Resulta que cuando te casas, se casan dos mundos distintos; y experimentarás una millonésima parte de lo que siente Dios cuando comparas tu supervivencia familiar diaria con los constantes esfuerzos de Nuestro Padre Celestial por que nos llevemos bien en un mundo que Él ha hecho perfecto.

Bueno, pues ahora comienza otra etapa de tu misión en esta tierra en pos de la humanidad. ¿Eres capaz de superarte a ti mismo para complementarte con otro ser distinto a ti? ¿Tienes la fortaleza y madurez espiritual para aceptar a tu pareja TAL CUAL ES, así como ella te aceptará TAL CUAL ERES? ¿Has entendido e internalizado que el matrimonio es realmente la unión de dos seres (en mente y en espíritu también) para hacerse uno solo? ¿Comprendes que esta persona a la que hoy te unes es justo el complemento que necesitas para crecer y evolucionar espiritualmente, aunque no lo parezca a veces?

Pues cuando dudes de estas verdades, busca un lugar tranquilo, medita, observa y acepta la sabiduría de Dios en tu matrimonio. Admite que no siempre tienes razón; que si la verdad es relativa, realmente es una opinión; y que tu opinión no siempre va a atraer adeptos. Que cuando tu forma de pensar es distinta a la de tu pareja, es para que ejercites el entendimiento, la tolerancia y la paciencia. Que todos tienen distintas maneras de llegar al mismo lugar, a diferentes velocidades, pero con el mismo grado de satisfacción. Que los gustos de las personas son diferentes para que cada cual pueda experimentar algo distinto a lo que ya está harto de conocer (aunque después no te guste de todas formas, pero lo viviste).

Tu vida matrimonial es un “toma y dame”; pero no como en el boxeo. Es, en su lugar, un constante regalarte a ti mismo y tomar lo mejor del otro (lo mejor no es siempre lo bueno, hay cosas “malas” que necesitamos incorporar a nuestras vidas para crecer, como las medicinas).

Verás cómo tu vida evoluciona poco a poco y se transforma en otra vida que no conoces, y no recuerdas cuándo dejó de ser como era; porque, en realidad, ya no importa.

Como dijo nuestro buen Jesús: “el que tenga oídos, que oiga”.

 
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