Paredes infinitas

Publicado el 13 noviembre 2018 por Aidadelpozo

Y ahí, en mi memoria habita el tiempo en que éramos nosotros y nadie más. Esos en que cuatro paredes eran más grandes que el mundo entero, en que uno de tus versos me acariciaba más que el más hermoso poema de Neruda y en que tu sola respiración sonaba en mi cabeza como un trino cuando llegaba el placer a chorros.
Esos días...
Esos me colmaron hasta hoy, en que solo hay días de penumbra.
Cuando tu carrera, la mía, nuestras prisas, más prisas, más de lo mismo, un niño, la casa, otra casa mayor, lo llenaron todo... curiosamente, llegó el vacío.
¿Qué nos pasó?
No quería marcharme... Sin embargo, aquí estoy, con la maleta en la puerta. Me echaron las prisas, no tú. Me alejó el silencio, no tú. Me invitó la rutina a partir, no tú.
Y ahora, bajo el marco de esta puerta, rememoro aquellos días de cuatro paredes infinitas.
Hace semanas que, sin buscarlo, hallé un nuevo cuarto. Cuatro paredes de luz. Y ni tu carrera, ni la mía, ni las prisas, ni la casa, ni siquiera el niño, nada me retiene aquí. Nada. Recuperé mi habitación infinita. De pronto, sin buscarlo, por casualidad.
Nuevos versos de estrofas inconclusas, por escribir, por recitar. Ella...