Hoy, la barda yace manchada por algunas de mis lágrimas cargadas de recuerdos y por tu sangre que lo salpicó todo, tras confesar tus intenciones de abandonarme.
La pared gris y oscura fue testigo de lo nuestro. Tú, tan jovial, vivaracho y risueño; y yo, entusiasmada con tus cálidos besos.
Hoy, la barda yace manchada por algunas de mis lágrimas cargadas de recuerdos y por tu sangre que lo salpicó todo, tras confesar tus intenciones de abandonarme.
Hoy, la barda yace manchada por algunas de mis lágrimas cargadas de recuerdos y por tu sangre que lo salpicó todo, tras confesar tus intenciones de abandonarme.