El hombre al que unas horas antes había abandonado a su suerte desnudo y desvalido devoraba ahora un jugoso trozo de carne, mientras su mujer se contoneaba envuelta en un artesanal vestido de piel de serpiente. La manzana todavía pendía del árbol.
No podía creer lo que veían sus ojos.
El hombre al que unas horas antes había abandonado a su suerte desnudo y desvalido devoraba ahora un jugoso trozo de carne, mientras su mujer se contoneaba envuelta en un artesanal vestido de piel de serpiente. La manzana todavía pendía del árbol.
El hombre al que unas horas antes había abandonado a su suerte desnudo y desvalido devoraba ahora un jugoso trozo de carne, mientras su mujer se contoneaba envuelta en un artesanal vestido de piel de serpiente. La manzana todavía pendía del árbol.