Estamos diseñadas para no querer separarnos. Mi cuarentena terminó ayer, pero me siento más necesitada de su cercanía, que el día en que nació. Ahora sonríe más, parece que me mira.
Ya sé que no le pasará nada por dejarla unas horas. Es que no quiero. Si a veces, esperando que termine de peinarme, en brazos de su papá, podría convencer a los vecinos de que no ha mamado en tres días...
¿Que si tuviera que ir a trabajar tendría que dejarla...? Pues si tuviera un empleo convencional, tendría tres meses de incapacidad, así que de igual modo, en este momento, estaríamos pegadas. Y luego, pues... resulta que no tengo que ir a trabajar: que puedo acomodarla sobre mi pecho mientras tecleo... Tampoco tengo otros hijos. [Un día, una de las dos querrá más espacio.]
¿Que así no es la vida? Depende la vida de quién...
Mañana voy al dentista. Entre ir, dejar que me saquen una muela, y regresar, supongo que pasará casi un par de horas. Además, habrá que darle una toma en biberón o con cuchara, en lo que mi organismo elimina la anestesia. Por eso mismo, porque estas cosas pasan, es que aprovecho...
Silvia Parque
