Revista Talentos

Pequeña historia de un gran hombre

Publicado el 25 septiembre 2014 por Orperedas
Las aguas del pacífico lo arrullaron al nacer, con ese vaivén de olas de inmensa espuma blanca, como su piel, como un contraste insolente a la arena gris de la playa.
No fue un niño como muchos. Por su casi ceguera no asistió a la escuela en sus tempranos años de vida, como el resto de sus hermanos y amigos, mas supo apreciar siempre lo sublime que se esconde tras las palabras, las tonadas y los ritmos.
Aprendió a tocar el acordeón antes que a leer y a escribir en toda regla, y sorprendió a la población entera cuando llegó a ser el organista de la parroquia de su pueblo.
Amigo de los boleros, el fox, el corrido y el son guatemalteco, y amante fiel de la marimba, con apenas veinte años escribió su primer canción (curiosamente la más famosa y exitosa de su carrera) que sin ser larga le granjeó el cariño y aplauso del pueblo de su niñez y el respeto de buenos y grandes compositores y cantantes de la música guatemalteca de los 60s, 70s y 80s.
A los 25 años, ya en la capital, conoció el amor verdadero. Estaba tras la esquina, esperando el autobús. Él preguntó el número de ruta, ella respondió que no sabía; al igual que él no lo distinguía por su corta visión. Unos años después se casaron por lo civil, unos meses después su vida se llenó de luz cuando le anunciaron que tendría un heredero y su felicidad creció aún más dos años después cuando llegué yo, a decir de él.
Heredero de su afición por la música, yo cantaba con él, o talvez él cantaba conmigo, las canciones que aprendía a mis tres años. Él tocaba la guitarra y yo intentaba cantar completa al menos una canción, pero con tan corta edad y mi desenfado memorístico nunca lo logramos, aunque fue muy divertido.
Hombre en el buen sentido de la palabra, nos enseñó a mi hermano y a mí el significado y honorable sentido de la honradez, el maravilloso don de la escucha y el más sublime de todos los sentimientos humanos: el amor.
Parecería mentira si se escucha a la ligera, mas hoy que cumple sesenta y ocho años sigue siendo el mismo niño que allá en su amada Ayutla soñaba mundos mágicos a través de los cuentos para niños que escuchaba por la radio, sigue sonriendo y enterneciéndose cuando escucha a Milissa Sierra. Sigue siendo el mismo joven aquél que cantaba serenatas para las novias de sus amigos. Sigue siendo el mismo soñador que escribe canciones y poemas que cuentan su historia, y sigue siendo el mismo hombre que una tarde de sábado, con un par de lágrimas en el rostro me dijo que él siempre quiso escribir una canción como las que yo escribía; mas él sabe que sus canciones son mejores.
Gustavo Pereda (1966)Gustavo Augusto Pereda Wolford (mi papá) nació en el pequeño pueblo costero de Ocós, departamento de San Marcos, Guatemala. Creció en medio de una familia numerosa, hijo de Eduardo Pereda y Roselia Wolford.
A sus dos años es trasladado, junto con sus padres, a Ayutla, San Marcos, hoy conocida como Ciudad Tecún Umán, pueblo fronterizo con Ciudad Hidalgo, Chiapas, México, donde vive hasta los veintidós años, cuando se muda a la ciudad de Guatemala.
En 1966 se graba su primer canción, titulada Amor Incierto, interpretada en esa ocasión por Rodolfo Augusto Tejeda.
Aunque no es un compositor prolífico, cuenta en sus haberes poco más de cuarenta canciones y melodías entre las que destacan: Cristy, Sonia I, Amor de Jacaranda, No vuelvas a mentir, Gigantesca es la Ronda de la Paz y Por el agua vendrá (estas dos últimas con letra del escritor y poeta guatemalteco Mario René Matute), Señor de las tres caídas (con letra del poeta ayutleco y gran amigo: Héctor Hugo Girón), Canción de Enero y Qué linda es Ayutla.
En los primeros años de la década de los 70 formó parte de los cantantes que amenizaban el programa radial Cachitos Santa Lucía que se transmitía los sábados a la 1:30 de la tarde en TGW La Voz de Guatemala, gracias al cual fue conocido por la audiencia de aquél programa y los grandes artistas de ese momento, quienes cantaron y grabaron algunas de sus composiciones.
Sus canciones han sido grabadas por artistas como: Mario Pibaral, Hugo Leonel Vaccaro, Juan de Dios Quezada y Elízabet de Guatemala, así como sus melodías interpretadas por la orquesta Armonía en Tinieblas y algunos conjuntos marimbísticos, destacando la Marimba Chapinlandia de don Froilán Rodas Santizo, vecino y buen amigo de los años 80, cuando vivíamos en la zona 8 capitalina.
Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria, siendo el más reciente el otorgado por la municipalidad de Ciudad Tecún Umán (su amada Ayutla) el diecisiete de septiembre de 2010.
Sus canciones suenan y resuenan en mi memoria con mayor intensidad y sentimiento cada día, especialmente ahora que la distancia en kilómetros nos separa, mas escucharlas me hace sentirme cerca de él, a su lado, porque no puede haber lazo más fuerte y cercano que el amor.
Ahora deseo compartir con ustedes, mis amables lectores, una de las más preciadas joyas musicales de mi haber. Se trata de la canción Amor Incierto, en su versión original, cantada por Rodolfo Augusto Tejeda, y como un homenaje en su onomástico, la misma canción interpretada por su autor (mi papá) acompañado por la orquesta Armonía en Tinieblas.
¡Feliz cumpleaños papa!

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