Revista Diario

Perdida en la niebla

Publicado el 01 agosto 2013 por Lacasadebe
Cuando llegué aquí, me aseguraron que, si miraba bien detrás del magnolio, podría ver lo que hay detrás de la niebla. Así que miré y miré, pero no veía más que bruma que difuminaba lugares que se adivinaban secretos y verdes, en medio de nubes que se me pegaban a la piel como por dentro. El mar sonaba a un lado, pero con un sonido nublado y gris. Y al otro, el badajo etéreo de una campana que sonaba como de otra luz, y que no conseguía adivinar a quién pertenecía.
Perdida en la niebla
Así que, cansada de buscar el sol, me dejé caer rendida en algún asiento que ni vi, con casi lágrimas de julio en los ojos. Y fue entonces cuando, al mirar al frente, todo apareció como una foto antigua entre las hojas de un libro que leíste hace muchos años, y que te llenaba de paz el corazón.
Perdida en la niebla
Perdida en la niebla
Me froté los ojos, y ese paisaje maravilloso seguía estando delante de mi como un regalo para pasar el resto de la tarde leyendo un nuevo libro antiguo. Y es que, sin darme cuenta, había llegado a mi rincón, ese rincón de verano sin sol que había estado buscando, sin éxito, entre la arena de playas luminosas y senderos soleados. Así que, aquí me quedaré el resto de la tarde, sola esta vez, si no te importa. Después, cuando se me hayan llenado los oídos de silencio y el espíritu de calma, bajaré a buscarte para enseñarte dónde está y dejarte un ratito, también a solas, para que tú también lo ames.
Perdida en la nieblaPerdida en la niebla
Con este rincón, el más hermoso que he encontrado este verano, el más sencillo y más inmenso, quiero participar en el concurso al que me ha invitado Lidia de Tiendeo (http://www.tiendeo.com/Madrid), la I Edición del concurso decoración de Tiendeo "Mi rincón veraniego", a la que agradezco enormemente su invitación porque, tal vez, sin la idea que me ha rondado en la cabeza desde entonces, no me hubiera quitado las gafas de verlo todo nublado, y no hubiera descubierto este lugar maravilloso sin sol, pero terriblemente luminoso, que el hotel El Babú, en el valle del Sueve (Asturias), ha metido dentro de él a través de inmensos ventanales, para que "el paisaje no esté colgado en cuadros de las paredes del salón, sino en el mismo salón".

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