Encontré a alguien que también se había perdido en el laberinto. Trabamos conversación. Era ateniense. Por alguna razón, no le dije que era de Creta. Durante días, recorrimos los pasillos, buscando una salida. Fue un buen compañero. Animoso. Lástima que el hambre me obligara a devorarlo. Como a los otros.