Personas arcoíris

Publicado el 31 enero 2020 por Lasuelta

Desapareció.

Se esfumó.

Y no dejó ni rastro, ni una huella, ni un rasguño, ni una marca que indicara que había pasado por allí.

Sólo quedó una sonrisa al recordarle.

Desapareció como se esfuma el arcoíris al final de la tarde lluviosa: con olor a mojado, con la alegría de los colores.

Y no hubo pena ni tristeza, no hubo llantos ni rencores.

Su presencia era como un vaso de agua fresca: clara, fácil, honesta y necesaria.

A veces no sabemos cuánto bien nos hacen algunas presencias hasta que se transforman en ausencia.

Podríamos pensar que nos traen alegría, que nos traen paz, que nos llenan de ilusión, pero eso no es exactamente así: somos nosotros que tenemos la alegría, paz e ilusión dentro nuestro. Hasta la felicidad. Lo que nos cuesta es sacarlo, acordarnos de ello.

Nos cuesta porque nos obsesionamos con lo malo.

Y entonces llegan ellos cargados de buen rollo, hablando de tonterías, riéndose hasta de su sombra, preguntándote mirándote a los ojos, escuchando y deshaciendo el nudo.

Esos nudos.

Y ya.

Respiras. Duermes y te ilusionas de nuevo.

No han sido ellos, has sido tu, eso si: con su mano grande, firme y alegre.

Todo lo alegre que puede ser una mano.

Agradecida

La suelta

Eso sí, claro: al final del día me pregunto cuando vuelve su risa a pellizcarme, su alegría a desvestirme, su energía a recargarme.

Ahora ya sé el camino.