Cuando desapareció, nadie reparó en el rutilante reguero de escamas que, detrás de su casa, llegaba hasta el río.
La tía Yanira vivía muy lejos del mar, pero lo sentía en su piel. Todas las noches llenaba de sales su bañera y, con los ojos cerrados, se sumergía en ella.
Cuando desapareció, nadie reparó en el rutilante reguero de escamas que, detrás de su casa, llegaba hasta el río.
Cuando desapareció, nadie reparó en el rutilante reguero de escamas que, detrás de su casa, llegaba hasta el río.