Una vez, hace un par de años, Mike, el-Mike, un gran amigo, se quedó par meses en casa. La noche de la despedida organizamos, para despedirle, un pequeño encuentro de músicas y bebidas de las de aquellas. Como él era de poco de aquello, pasaditas las 10 de la noche, se despidió del grupo y nosotros brindamos por él: ¡por Mike!. A eso de las cuatro de la mañana, seguíamos celebrando y celebrando al celebrado. "¡Por Mike!" Seguimos brindando y sólo decíamos ¡por Mike!, así el celebrado estuviera ya bien ido y muy dormido. Son esas cosas de la amistad y de Aquello. Lo importante siempre fue la fiesta, y bueno, la intención.