Revista Talentos

Por un puñetero microondas

Publicado el 04 diciembre 2017 por Aidadelpozo

Hace más de veinte años tuve una fuerte discusión con un miembro muy querido de mi familia, originada por una nimiedad. El desencadenante fue tan absurdo, que sigo creyendo que yo estaba en el momento equivocado y en el lugar equivocado cuando aquella enorme pelea se produjo. O sea, que yo pagué los platos rotos sin comerlo ni beberlo, como suele decirse.

Como consecuencia de aquella discusión, apenas nos dirigimos la palabra durante casi veinte años. A partir de ese momento, nuestra relación fue "educada, cordial y respetuosa", más propia de compañeros de trabajo que se soportan porque no tienen más remedio, que de familia. La mujer de este familiar me dijo en cierta ocasión que, de no ser por ella y su "mediación", él y yo no nos dirigiríamos la palabra. Bajo esa encubierta amenaza viví la pérdida de la relación tan estrecha que mantenía antes de la discusión con este miembro de mi familia durante todos esos años. Cuando se separaron y, ya que dicha separación coincidió con mi divorcio y ambos estábamos rotos y necesitábamos un hombro sobre el que llorar, nos reencontrarnos. Pese a lo duro de la situación que estábamos viviendo ambos, aquel reencuentro fue maravilloso.

Hace unos días, viví un déjà vu y rompimos de nuevo esos lazos que pudimos volver a atar después de tanto tiempo. Es curioso pero no discutió conmigo esta vez y, sin embargo, me dolió igual que en aquella ocasión que ya habíamos superado tras la reconciliación. Después del incidente comentó que, si había estado veinte años sin hablarme, podría pasar otros veinte más.

Y me vi de nuevo discutiendo por un puñetero microondas que se rompió tras calentarme un café. Y volvió a retumbar en mi cabeza la palabra "gilipollas" golpeándome la cara como una bofetada inmerecida, y volví a ver a una persona muy querida por ambos, de pie en el umbral de la puerta sin decir "esta boca es mía" para parar aquella estúpida disputa. Y volví a ver a este familiar tan querido como una persona extraña. Y he vuelto a preguntarme por qué ha sucedido todo esto, aunque, esta vez, los insultos no hayan sido para mí.


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