Revista Diario

porque la vi, porque conozco a su co director

Publicado el 04 octubre 2012 por Morochayurbana

PORQUE ES UNA PELÍCULA IMPRESCINDIBLE, POR TODO ESO Y MUCHO MÁS LA

EDUCACIÓN PROHÍBIDA ESTA PARA QUE LA VEAMOS MÁS DE UNA VEZ Y PARA

QUE CONCIENTICEMOS.

Inquietante , revulsiva ,algo excesiva, pero que, en su frescura , nos confronta con el drama -no digo la tragedia- la del desinterés de los chicos por el saber y el universo que la escuela les transmite.
En la Ciudad de Los Angeles habia un cartel que planteaba un modo discutible de facilitar las cosas a los padres en la ardua tarea de  la crianza . Decía “So mucho easyer than parenting: Ritalin ” Algo asi como  mucho mas fácil que ser padres: Ritalina: Ritalina es el nombre comercial mas popular de Metilfenidato, un estimulante que se emplea en los mal llamados “Deficit de atención”.

Por Juan Vasen*
Digo “mal” llamado porque en ningun caso de los millones de chicos etiquetados con ese rótulo (algo bien diferente de un diagnóstico) se verifica qiue haya un déficit cuantitativo verdadero de la atención. Si lo hubiera estaríamos ante un cuadro de retraso madurativo o mental. Otra cosa.

Lo que hay es una distribucion de la atención diferente de la que los adultos desearíamos. Una investidura de saberes, personajes u objetos que no son los que proponemos padres y maestros.-

“Está bien mamá, tenes razón, lo que pasa es que si le presto atencion a la maestra me pierdo lo que están diciendo los chicos”. La atención se “presta” (en inglés  se “paga”: to pay attention) Y uno no le presta a quien supone que no le va a devolver algo que justifique el préstamo.

La escuela está, en este momento , en ese lugar.

Los chicos cada vez le quieren prestar menos atención porque sinten que no devuelve. Es lo que denuncian los alumnos ficcionales de esta pelicula. Y que cuando lo dicen no quieren ser escuchados, Entonces , como Serrat decía “Lo ANDAN GRITANDO SIEMPRE QUE PUEDEN, LO ANDAN PINTANDO, POR LAS PAREDES”.

La pelicula denuncia la rigidez de estructuras ediucativas y mentales. No lo hace de un modo nihilista. Lo hace planteando una pléyade de alternativas de diversa valìa y taryectoria. Muchas del ambito privado. Quizas podria señalarse esto como defecto, pero es justo decir que por años fue muy dificil realizar cambios en las escuelas públicas.

No es el caso en este momento donde hay un debate mayor abierto, y hay escuelas “experimentales” en el ambito publico como los CENTES (Centro Educativo con para niños con trastornos emocionales Severos) que deben ser estudiadas en detalle en sus propuestas. Porque  tal vez sea necesario que la educacion común  tenga algo de especial asi como que la educacion especial tenga algo de común.

Entonces el cartel tambien podria decir “So much easyer than teaching: Ritalin” . Más fácil que ensañar. Ritalina. Y eso es lo que ocurre.

La Educacion prohibida denuncia esto y plantea que el interés y la atención deben ser convocadas de otras maneras. Que hay mucho por rescatar pero mucho por cambiar . Y que, (esto lo digo con mis palabras) ningún medicamento enseña nada. Tenemos que repensar nuestra época y dentro de ella a esa “máquina anticuada” (Sibilia 2012)  que es la escuela.

Y enfrentar los desafíos de la hora.  Desafios que  implican nada menos que la reinstalación de un lazo enriquecedor con el saber y con los otros como parte de un conjunto y como pares de un nosotros a crear.  En los niños la fantasía común es la que produce el “nosotros jugamos juntos”. La curiosidad compartida es la que genera el “nosotros aprendemos juntos”. Nosotros muchos, nosotros inclusivo, nosotros democrático. Nosotros curiosos investigando los misterios propuestos por las vestiduras que el docente a propuesto a ser develadas. Más que desnudos, desnudando, desplumando al pato de Troya  para revelar el “2” que esconde.[1] La escuela no sólo debe transmitir saberes y formar, no sólo promover la comprensión necesaria, eso es secundario. Lo que debe producir son misterios a desentrañar, lo que debe producir es curiosidad. Ese es el desafío.

Y es un desafío político, ético y estético.

En su aspecto político lo central es la inclusión. El plano ético se centra en el sentido de la experiencia escolar y el estético en la forma y configuraciones que adquieren los procesos de transmisión e interacción. Los tres están estrechamente interrelacionados.

Respecto al primer plano, pensar en una escuela inclusiva supone cambiar el punto de vista que lleva a considerar que el fracaso es exclusivamente individual y que deriva en que “el alumno no atiende, no aprende”. Un camino hacia la patologización, el etiquetamiento y la medicalización de los niños. Y la exclusión.

Considerar a la escuela involucrada, “cómplice” involuntaria de sus propios problemas permite la “inclusión de la escuela” misma en el tema. ¿Cómo podría incluir quien se auto-excluye? ¿Cómo podría responsabilizar quien se desresponsabiliza? En muchos casos, docentes y directivos asumen una actitud comprometida. Es un primer paso en un camino que implica no sólo interrogarse sobre qué puede hacer la educación con la subjetividad mediática sino también y, fundamentalmente,  con ella misma.

El debate actual respecto a la inclusión tiene una arista más. Es la que vincula la discriminación con la diferencia. Porque acabar con la discriminación no implica arrasar con las diferencias. Entiendo que la escuela debe abogar por una no discriminación, por favorecer la incorporación de todos los niños a espacios “normales” compartidos. Pero no de cualquier manera. Porque innegablemente hay chicos con necesidades especiales, diferentes, que requieren para su integración un apoyo y presencia “extra”. Diseños y a veces espacios que contemplen sus particularidades. Integrar no debe ser masificar sino rescatar las particularidades ofreciendo áreas de descanso y práctica en camino a una inclusión. Chicos “especiales” requieren lugares y dedicación especiales, no para acantonarse allí, sino para emplearlos como trampolín hacia otros espacios.

Ocurre que lo que ha caído junto con la idea de educación para el futuro es el sentido de la educación como un medio para una futura inserción social, laboral o académica. Al menos no sólo eso.  “La educación no debería ser vista fundamentalmente como instrumento para otra cosa sino como algo formativo con lo cual pudieran identificarse tanto alumnos como docentes. La búsqueda del sentido de la propia experiencia escolar parece ser una preocupación central para lograr una adecuada inclusión” ( Baquero, 2008).

El plano ético implica esa búsqueda de un sentido organizador de la experiencia escolar y debe diferenciarse de una cuestión de significado. Ese sentido es lo que permite que, en el aula, algo signifique algo, es como un horizonte que hace que los significados tengan profundidad y espesor.

Para ello las herramientas principales no son tecnológicas sino humanas. Porque si bien la tecnología puede favorecer la interacción del modulado al promover una posición activa y participativa de quien aprende, la selección del qué, cuando y cómo de su uso es una decisión humana, no tecnológica.

Hay escuelas que pierden su norte y así su sentido. Son escuelas “ travestidas” que sobre ofertan actividades y enseñanzas. Así, algunas escuelas se convierten en clubes o en talleres literarios. Esa precoz sobre-especialización cosmética deja de lado la posibilidad de que la escuela retome su lugar.

Su lugar. Se trata de que en “su” lugar, en la escuela, se analice lo que pasa fuera, se abra espacio para pensar juntos el impacto tecnológico, para no sólo leer clásicos y modernos sino revisar, por ejemplo, el contenido de la televisión. “En las escuelas además de enseñar a leer y escribir habría que enseñar a ver televisión.” Niños auténticamente alfabetizados serían aquellos que además de aprender su idioma fueran capaces como televidentes de cultivar el buen gusto y una lucidez crítica (Huyge, 2008). Una escuela donde se debatan y critiquen ideas “mas allá de las efemérides, de la retórica y de los mausoleos, mas allá el almidón y los desfiles” (Kovadloff, 2007).

Finalmente ese sentido debe traducirse en operaciones. Ese es el aspecto estético, el de la forma y configuración de las operaciones y lazos que allí se producen. En una clase tiene que “pasar algo” tanto para el docente como para el alumno. Si no pasa nada no hay experiencia escolar. Ese “algo” es algo producido “a novo” algo que acontece “entre” alumnos y docentes, en ese entre creado por la curiosidad despertada por un lado y el anhelo de trascender del otro. Esto viene faltando hace tiempo, el almidón disimulaba en algo lo que venía ocurriendo, en las sociedades disciplinarias. Justamente la disciplina ocultaba y favorecía un “como si” que hacía parecer que la experiencia tenía sentido cuando, en realidad, se estaba agotando. La salida escalonada de grados daba una válvula de escape. Siempre se podía esperar algo más del mañana. Pero ambas caras de la moneda se fueron desgastando. La experiencia no se producía y la in-disciplina hacía que su ausencia se tornara evidente.

Donde tiene que “pasar algo” es en ese “entre” que separa y vincula a maestros y alumnos.  Del lado del maestro creo que he ido delineando que lo fundamental, más allá de herramientas teóricas y técnicas, más allá de investiduras más flamantes o caídas, es alimentar la posibilidad de transmitir una pasión. No se trata de ningún “contenido” con el que, desde la conciencia del maestro, llenar la conciencia del alumno. No es sólo una transmisión de información, por útil o valiosa que fuera. No depende de cuanta tecnología haya en cada escuela, aunque si la hay ésta puede ser un eficaz auxiliar del aprendizaje y, a la vez , un ámbito propicio para estimular la reflexión sobre lo que significa su uso. Es la transmisión de una subjetividad puesta en juego hacia otra, activamente abierta, curiosa. La transmisión de un deseo de saber, de ir más allá de lo conocido hasta el momento para construir una subjetividad pensante esto es, como dijimos, que no se agote en repetirse a sí misma.

No somos seres meramente informacionales. Ni los maestros tienen por qué ser resignados clones de la nostalgia ni los alumnos cibernéticos clones de las tecnociencias. Entre esas opciones hay que abrir un claro.

La Educación Prohibida apiunta hacia él.


[1] Me refiero a la experiencia de enseñar números a partir de su disfraz imaginario. En el caso del “2”, un patito que lo hace sensiblemente aprensible como paso previo a la abstracción.

*Juan Vasen es Psicoanalista y Especialista en Psiquiatria Infantil. Ex Residente y Jefe de Resientes del HNRGutierrez. Ex Docente de Farmacología. Medico de planta del Tobar desde 1985. Cofundador y actual coordinador del Programa Cuidar Cuidando. Miembro del ex ForumADD/en adelante Forum Infancias. Autor de Postmocositos(2000) Contacto Animal (2004) Fantasmas y Pastillas (2005) La ATENCION QUE NO SE PRESTA (2007). Las Certezas Perdidas (2008) El Mito del Niño Bipolar (2009) Una Nueva Epidemia de Nombres Impropios: El DSM5 invade la Infancia en la clinica y las aulas (2011) www.juanvasen.com.ar

FUENTE: http://psicoanalisisar.com.ar/?p=5569

PSICOANÁLISIS EN ARGENTINA


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