Revista Talentos
Era un sobre negro, regio, brillante como el raso y rematado con un imponente sello de lacre. Incómodo por carecer de abrecartas, recurrió, tembloroso, al más afilado de sus cuchillos. A su edad ya sólo esperaba dos cartas. No era el Nobel. Esta vez, la Muerte ganaba la disputada carrera.
